
Sadio Mané (nacido el 10 de abril de 1992 en Bambali, Senegal) es considerado uno de los mejores futbolistas africanos de la historia. Saltó de una aldea rural sin electricidad a la élite europea, brillando en el Liverpool y ganando la Champions League. Pese a su éxito deportivo y su situación económica floreciente, no ha olvidado sus orígenes. “¿Para qué quiero diez coches Ferrari, veinte relojes con diamantes y dos aviones? ¿Qué harán estos objetos por mí y por el mundo? Yo pasé hambre, trabajé en el campo, jugué descalzo y no fui al colegio.
Hoy puedo ayudar a la gente. Prefiero construir escuelas y dar comida o ropa a la gente pobre”, declaró en un reportaje a Tele Dakar. Mané realiza donaciones de ropa, zapatos y ha transformado su pueblo natal, Bambali, financiando la construcción de un hospital, escuelas, una oficina de correos, una estación de servicio y una red de internet 4G. Además, entrega una asignación económica mensual de aproximadamente 70 euros a cada familia de la región para cubrir necesidades básicas. (Inteligencia artificial).
El futbol es un negocio universal y los jugadores brillantes generan un valor agregado muy grande aumentando la demanda de bienes y servicios, potenciando la publicidad y las apuestas digitales que asfixian a la población del universo. El campeonato mundial ha mostrado que los países vulnerables tienen agallas para salir adelante, que su esfuerzo prosigue contra la opresión económica y política del mundo del Norte. Pero los grandes beneficios económicos inflan a las élites económicas del mundo, dejando migajas a los futbolistas que se sacrifican para competir en condiciones desiguales.