
Esta reseña explica detalladamente los conceptos propuestos por Antonio Gramsci en su texto La formación de los intelectuales, finalizando con un análisis sobre la categoría de intelectuales planteada por el autor en el contexto actual de la sociedad.
Antonio Gramsci, filósofo italiano y revolucionario, consideraba la política como un elemento intrínseco a la vida misma. A través de cartas dirigidas a su cuñada Tatiana Schult en 1931 (C. XXIX, C. VIII; I.C. 3-10), mientras se encontraba en prisión en Turín, reflexionó profundamente sobre la formación de los intelectuales. Gramsci basa su escrito en diversas categorías de intelectuales, abordando cómo estas se han transformado a lo largo de la historia.
El autor sostiene que no debe existir una distinción tajante entre intelectuales y no intelectuales, ya que, según su visión, el “no intelectual” no existe. Sin embargo, reconoce que hay diferencias en la ocupación del intelecto que las personas desempeñan, en función de su profesión y actividad. En este sentido, señala que filósofos, escritores y artistas, aunque contribuyen significativamente a la creación de nuevos modos de pensamiento, poseen un tipo de actividad intelectual diferente al de otros sectores.
Intelectuales Tradicionales vs. Intelectuales Orgánicos Gramsci clasifica a los intelectuales tradicionales como aquellos que, desde tiempos históricos, se han considerado independientes de las clases dominantes. Estos intelectuales, como los eclesiásticos, monopolizaron la filosofía y la ciencia, siendo responsables de la educación en moral, justicia, beneficencia y religión. Apoyados por la aristocracia, lograron acceder a propiedades feudales y privilegios del estado, lo que les permitió reforzar el poder monárquico hasta llegar al absolutismo.
En contraste, Gramsci introduce el concepto de intelectuales orgánicos. Estos intelectuales surgen como una nueva clase que se convierte en el fundamento integral de la sociedad. A través de su capacidad dirigente, organizativa y persuasiva, desempeñan roles cruciales en el ámbito científico, técnico y cultural. Para Gramsci, el nuevo intelectual no debe limitarse a ser un militante o un orador político; debe ser un conocedor profundo de la realidad social, contribuyendo al desarrollo de la sociedad de manera más activa y constructiva.
En este sentido, Gramsci define el modo de ser del nuevo intelectual como alguien que debe involucrarse activamente en la vida práctica, superando el papel de orador y adoptando una postura más comprometida con la política y la historia. Este intelectual se convierte en un especialista+político, integrando su conocimiento técnico con una comprensión profunda de los procesos históricos y sociales.
La Escuela y la Formación de Intelectuales Desde tiempos medievales, la escuela ha sido un medio clave en la preparación de intelectuales en diversas categorías. Gramsci destaca que, en sociedades industrializadas, la educación no solo forma técnicos especializados, sino que también está vinculada a la producción y la tecnología. Los intelectuales orgánicos, especialmente aquellos vinculados a la clase dominante, son elegidos por el pueblo para cumplir una función hegemónica, actuando como constructores de la sociedad a través de la cultura y la ideología.
El autor subraya que los intelectuales orgánicos desempeñan un papel fundamental en la cohesión social y en la respuesta a las necesidades de la sociedad, especialmente en las relaciones con la clase dominante. Estos intelectuales son los encargados de articular y justificar el orden social establecido, actuando como los mediadores entre la política y la economía. La función de estos intelectuales es esencial para el ejercicio de la hegemonía, ya que contribuyen a la estabilización de la estructura social a través de coerciones indirectas.
El Intelectual Urbano y Rural Gramsci también distingue entre el intelectual urbano y el intelectual rural. El intelectual urbano, generalmente vinculado a la industria y a la tecnología, no tiene una función organizativa ni política sobre los trabajadores de la industria, aunque los trabajadores pueden influir en él políticamente. En cambio, el intelectual rural, que no pertenece a las categorías tradicionales de intelectuales, desempeña un papel crucial en la sociedad y busca constantemente mejorar su nivel de vida.
Gramsci considera la política como un componente fundamental de la construcción de la sociedad, sugiriendo que los intelectuales del partido político, quienes ejercen el poder en el estado y la economía, son agentes de cambio. Sin embargo, estos intelectuales son empleados del poder y no deben ser considerados los dueños del estado.
El capítulo La formación de los intelectuales presenta un análisis profundo sobre cómo la estructura social se forma a partir del conocimiento y cómo diferentes tipos de intelectuales, con sus respectivos roles, contribuyen a la construcción de la sociedad. Gramsci ofrece una crítica al proceso de hegemonía, subrayando la importancia de los intelectuales en la formación de nuevas formas de pensamiento que sostienen y justifican las estructuras de poder.
A través de su reflexión, Gramsci abre un camino para el estudio de las relaciones entre intelectuales, clases sociales y poder político, invitando a investigar los procesos históricos y sociales que dan forma a la hegemonía. En su visión, la capacidad de los intelectuales para ser conscientes de la economía, la política y la ideología es fundamental para abordar las necesidades de la sociedad. La dominación en la sociedad, respaldada por la educación, la ideología y la religión, genera una división jerarquizada entre las clases, una estructura que Gramsci considera natural en sociedades clasistas.
En su crítica, Gramsci también señala que las organizaciones políticas, como los partidos comunistas, tienden a convertirse en estructuras jerárquicas que buscan asegurar la permanencia de la clase dominante. Este proceso puede generar conflictos y revoluciones si las oportunidades para otros militantes se ven limitadas por aquellos que ya han alcanzado el poder.
Referencias Gramsci, A. (1949). Los intelectuales y la organización de la cultura. Italia: Casa editora Einaudi.