De la euforia a la decepción

La selección ecuatoriana ilusionó a su afición, pero malos resultados la dejaron cerca de la eliminación.

Los militares capturaron a los presuntos responsables.

El buen rendimiento de la Selección Nacional de Fútbol, en el torneo clasificatorio para participar en el campeonato mundial, minimizó la vergüenza de haber iniciado esa competencia con tres puntos menos, por castigo de la FIFA, por haber puesto a jugar a un futbolista con documentación falsa.

La selección clasificó en segundo lugar, pese a la falta de goleadores, gracias a una defensa sólida, integrada por figuras de gran proyección internacional que destacan en ligas importantes. Ese desempeño alimentó falsas ilusiones entre dirigentes, cuerpo técnico, jugadores, periodistas deportivos y contagió de entusiasmo al país y a miles de migrantes ecuatorianos que viven en Estados Unidos. La expectativa fue tan grande que muchos aseguraban el ascenso progresivo de la Selección, luego de vencer a sus rivales en fases iniciales, a etapas superiores del evento mundial. Esta motivación movilizó a miles de ciudadanos ecuatorianos, de variadas condiciones sociales y económicas, unos poseedores del dinero necesario y otros que, a pesar de vivir con limitaciones, hicieron enorme esfuerzo para acompañar al equipo a Estados Unidos, o desplazarse, con igual finalidad, de un estado a otro de ese país. Miles de aficionados coparon las calles de Filadelfia y de Nueva York, la tiñeron con el color amarillo de la una fallida esperanza, llenaron el aire estadounidense con cánticos y lemas repletos de un optimismo que no se justificó. Llegó el primer encuentro con La Costa de Marfil. El estadio repleto albergó a más de 60.000 hinchas ecuatorianos, juntos por primera vez en esa cantidad, puesto que en nuestro país ningún escenario deportivo posee tamaña capacidad. Las camisetas y los corazones uniformaron el “si se puede” con el lustroso color solar que se iluminó con la actuación brillante del primer tiempo. Llegó el descanso obligatorio. La gente, que copaba los graderíos y toda esa inmensa mayoría de ecuatorianos que mirábamos, a través de la televisión, estábamos seguros que las directrices del director técnico Beccacece, que habían dejado muchas dudas e insatisfacciones en ocasiones anteriores, iban a cambiar en esta importante oportunidad.  No fue así.  Volvió a buscar, inseguro y temeroso, el muy repetido empate, realizó los cambios inadecuados, mientras el entrenador del equipo contrario analizó correctamente los acontecimientos, cubrió los puestos necesarios y con decisión orientó a sus dirigidos a obtener el triunfo, que lo consiguieron en los últimos minutos.

Ese fracaso encontraba atenuantes en la esperanza de vencer en la siguiente lid al representante de Curazao, que, por su debilidad, había recibido 7 goles del equipo alemán. Transcurrieron los 100 minutos de juego; los ecuatorianos, pese a dominar las acciones, no pudieron concretar las innumerables oportunidades de anotar y vencer al buen arquero centro americano. El equilibrio en el marcador fue el resultado final, que pone a nuestra selección al borde de una eliminación prematura, en la que sería la peor actuación en las participaciones mundiales. ¡Qué decepción! Resta una última oportunidad, el partido con el poderoso equipo alemán, tenemos una nómina de jugadores de altísima calidad, desgraciadamente con una deficitaria conducción. En estas instancias han quedado al descubierto los errores de los directivos de la Federación Ecuatoriana de Fútbol que entregaron la Selección a un temeroso y confuso entrenador que, durante tres años, no pudo fortalecer el ataque del elenco nacional y que prescindió de futbolistas goleadores en el torneo nacional y en equipos de otros países. Su vanidad y dudosos compromisos sustentan este doloroso fracaso que afecta al deporte de nuestro país y a los miles de seguidores de la selección, que han padecido los dolores de las derrotas como pago a su entrega y a su esfuerzo. Nos queda la leve esperanza de que el amor propio y la enorme jerarquía de nuestros futbolistas, se hagan presentes, para ellos, la constante superación ha sido su camino de vida. Su brillo internacional les demuestra que, por más complejos que se presenten los enfrentamientos, se reducen a una competencia de once contra once, en la que deben demostrar el por qué han alcanzado los elevados sitiales que les enorgullecen y nos enorgullecen a todos sus compatriotas ¡ Adelante Ecuador, que no se desmorone su entrega!