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¿Qué esperaban?

Causa gracia escuchar a algunos ecuatorianos que apoyaron fervientemente a la “revolución ciudadana” en su ascenso al poder, expresar sorpresa y preocupación ante los arrebatos de autoritarismo y escándalos de corrupción que, cada día con mayor frecuencia, parecen envolverla.

¿Esperaban algo distinto acaso? Autoritarismo y corrupción eran el desenlace previsible e ine-vitable de un proyecto político inspirado en el socialismo del siglo XXI.

En realidad no importa si se trata de socialismo del siglo XX o del siglo XXI, de uno impuesto por las armas o por las urnas, o de uno que busca redimir a los pobres o a la raza aria. Todo proyecto que busca acumular un ilimitado poder político y económico en manos del Estado, termina volviéndose autoritario pues permite a los gobernantes imponer por la fuerza sus decisiones y caprichos sobre los ciudadanos. Tal ha sido el resultado de toda aventura de este tipo en la historia. ¿Cabía esperar algo distinto en Ecuador?

La “revolución ciudadana” -principalmente a través de la Constitución de Montecristi- amplió el poder del Estado a niveles nunca vistos en la historia reciente del país. Una situación así es proclive a generar arrebatos autoritarios, independientemente de la orientación política o los valores morales de los gobernantes. ¿Cabría esperar que, bajo las actuales circunstancias, personajes como Velasco Ibarra, Febres Cordero, Gutiérrez, Alarcón, etc., se “aguanten las ganas” de utilizar los recursos de un Estado todopoderoso para descalificar y atropellar a sus opositores? Probablemente algunos líderes políticos de oposición, no resienten tanto los abusos de la actual administración, como el hecho de que semejante poder no se encuentra en sus manos.

Por otro lado, la “revolución ciudadana” le entregó mayores atribuciones y recursos, nada menos que a uno de los Estados más desinstitucionalizados, incompetentes y corruptos del hemisferio occidental, lo que elevó al infinito las probabilidades de que muchos se dediquen al pillaje. ¿Cabía esperar que funcionarios y burócratas, operando dentro de instituciones tan disfuncionales, se abstengan de utilizar, a su favor o del mejor postor, las mayores atribuciones y recursos que han adquirido? Si bien aquello ya sucedía en el pasado, hoy el ‘pastel’ y los incentivos se han vuelto infinitamente mayores, por lo que probablemente los escándalos recientes apenas muestren la ‘punta del iceberg’ de la corrupción subyacente en los distintos niveles de la estructura estatal.

Los Chávez, Los Castro, los Mubarak y muchos otros han abusado en sus respectivos países de Estados todopoderosos durante años. ¿Cabía esperar que fuese distinto en el caso de Ecuador? Los que creían que sí, fueron muy ingenuos y probablemente van a sorprenderse aún más en el futuro.

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