
La Selección de Ecuador volvió a confirmar en el Mundial 2026 que representa mucho más que un equipo de fútbol. Su eliminación frente a México golpeó el ánimo de millones de ecuatorianos porque la Tri sigue siendo uno de los pocos símbolos capaces de reunir al país alrededor de un mismo sentimiento.
La ilusión de avanzar en el torneo se convirtió en un motivo de conversación en barrios, oficinas, mercados y hogares. Esa capacidad de unir también obliga a reflexionar sobre el futuro de un proyecto que terminó antes de lo esperado.
Las horas previas al partido del 30 de junio ante México tuvieron un ambiente diferente. Había nerviosismo, pero sobre todo esperanza. En las tiendas y micromercados aumentaron las ventas para compartir el encuentro en familia o con amigos. Incluso personas que nunca se habían visto encontraban un tema en común mientras esperaban el inicio del juego.
El fútbol, una vez más, demostraba que puede cambiar el ánimo colectivo, aunque sea por unas horas.
Ese optimismo no apareció por casualidad. La histórica victoria sobre Alemania había despertado una ilusión pocas veces vista. Ecuador derrotó con autoridad a una selección cuatro veces campeona del mundo en un partido decisivo, mostrando personalidad, capacidad de reacción y un fútbol convincente. Fue una de esas victorias que quedan en la memoria colectiva.
Sin embargo, frente a México la imagen fue distinta. La Selección nunca encontró el nivel. Careció de intensidad y fue incapaz de responder cuando el partido lo exigía.
El final de este ciclo obliga a la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) a tomar decisiones profundas. La salida del cuerpo técnico es apenas una parte de la tarea. También corresponde revisar la planificación deportiva, la relación que mantiene la Selección con la ciudadanía y rendiciones de cuentas más claras.
Si bien la Federación Ecuatoriana de Fútbol rinde cuentas en sus congresos, también es cierto que la ciudadanía debería tener un mayor conocimiento sobre el uso de los recursos. La FEF mantiene alianzas comerciales con cerca de medio centenar de empresas, la gran mayoría privadas, que actualmente generan alrededor de 18 millones de dólares al año.
Con esos ingresos, más allá del apoyo a las formativas y la cobertura de gastos corrientes, también se financia el pago del cuerpo técnico de la Selección. En ese sentido, la elección del entrenador se vuelve una decisión clave, porque una mala designación no solo impacta en lo deportivo, sino que también puede significar el desperdicio de recursos que provienen, en buena parte, de la estructura del fútbol y de sus aliados comerciales.
Además, el ingreso por entradas en las eliminatorias es importante para la Selección. Solo los partidos ante Brasil y Argentina generaron cerca de 7 millones de dólares en ingresos por taquilla en 2025.
La respuesta de la afición durante el Mundial dejó un mensaje contundente. Más de 150 000 ecuatorianos acompañaron a la Tri en los tres partidos de la fase de grupos. Las imágenes de niños, jóvenes y familias buscando un autógrafo o alentando en las calles de Estados Unidos reflejan un vínculo que no debería limitarse a las fechas FIFA o a las grandes competencias.
La eliminación también estuvo acompañada por denuncias de agresiones contra ecuatorianos y problemas organizativos alrededor del Mundial. Episodios de esa naturaleza empañan una fiesta que debería estar dedicada al deporte y recuerdan que los organizadores también tienen responsabilidades que cumplir.
La derrota duele porque había razones para ilusionarse. Pero también ofrece la oportunidad de corregir errores. Ecuador dispone de una generación de futbolistas que ha demostrado su calidad en clubes nacionales e internacionales. El desafío consiste en construir un proyecto capaz de potenciar ese talento y sostenerlo en el tiempo.
La FEF tiene ahora la responsabilidad de elegir un entrenador que saque la mejor versión del plantel, fortalecer el vínculo con la afición y consolidar una planificación que vaya más allá de un resultado puntual. La Selección de Ecuador seguirá siendo uno de los principales espacios de encuentro para el país. Cuidar ese patrimonio exige decisiones inteligentes, autocrítica y la voluntad de transformar la decepción de hoy en la ilusión del próximo desafío.