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Una noticia llegada desde Francia señala que el presidente Emmanuel Macron prevé presentar esta semana, un proyecto de reforma al sistema de seguridad social de ese país. La propuesta elevaría de 62 a 64 años la edad mínima de jubilación. El objetivo es compensar a futuro el aumento del presupuesto que se paga a los pensionistas y la reducción paralela de las contribuciones de nuevos trabajadores; esto debido al envejecimiento poblacional que vive Francia.
Las informaciones anticipan, también, que la idea generará el rechazo de los sindicatos de la nación europea, como ya ha ocurrido anteriormente con los simples anuncios. Las agremiaciones de trabajadores tampoco están de acuerdo con la idea del gobierno galo de elevar de 41 a 43 los años de pago de aportes para recibir la jubilación completa. Apuntan, más bien, a que se eleve el aporte patronal para sanear al sistema.
El caso francés no es único. Lo afrontan la mayoría de países desarrollados, cuya población ha incrementado su expectativa de vida, al mismo tiempo que ha disminuido el número de hijos por familia. Esto genera problemas para cubrir las pensiones en los próximos años. Y al igual que en el país galo, en Alemania, Japón, España y más, la idea de modificar las actuales condiciones de jubilación genera resquemores entre los ciudadanos y gremios.
En Ecuador, la situación es similar, aunque las causas difieran un tanto. El monto mensual que recibe el IESS por concepto de aporte de los trabajadores es menor a lo que la entidad necesita para cubrir los seguros de salud y de pensiones. En la actualidad, el organismo ya ha empezado a desinvertir para cubrir, en algunos casos, sus obligaciones. Y esto pone en riesgo a futuro los servicio que presta la Seguridad Social.
Algunas voces hablan ya de la necesidad de establecer un debate nacional serio acerca de la sostenibilidad del IESS. Y, como ocurre incluso en países desarrollados, también ha habido reacciones especialmente desde el sector de los trabajadores advirtiendo que no se permitirá, aunquea sea mínimamente, aumentar el número de aportes necesarios para jubilarse o el valor de las contribuciones. Esa actitud no es sana y aunque nos disguste, debemos ser capaces de ponerle el cascabel a nuestra seguridad social.