Quito, víctima de la costumbre de orinar sin pudor

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Sábado 29 de febrero 2020

Nada habla mejor de una ciudad que las buenas costumbres de sus habitantes. Quito es víctima de algunos atentados contra la urbanidad.

Las paredes pintarrajeadas, los grafitis por doquier, los carteles de tránsito vandalizados y los hombres orinando en las esquinas, las paredes y los edificios, muchas veces patrimoniales, son la peor señal de la falta de costumbres civilizadas.

La empresa de aseo ha identificado 316 sitios de mayor concentración de personas que orinan en la vía pública. Una foto de este Diario ayer, muestra a un hombre y un niño miccionando contra un mural, a pocos pasos de la puerta de un servicio higiénico.

La verdad es que es una pésima costumbre, tanto o más sucia como arrojar basuras por la ventana de buses y autos, o escupir en el suelo.

Se podrían pensar en algún caso que la falta de suficientes servicios higiénicos, limpios y estratégicamente ubicados, fomenta la mala costumbre. En verdad para niños menores y adultos mayores la incontinencia urinaria es un problema de salud, pero a esa realidad la falta de buenas costumbres inculcadas en casa o en la escuela hacen que el tema sea un problema de orden público.

Pese a que hay multas pecuniarias establecidas y altas, USD 80, apenas un puñado de personas han sido sancionadas en este año.

Aquí hace falta un trabajo colectivo y una acción ciudadana integral para desterrar las malas costumbres que tanto daño hacen a la imagen de la ciudad capital, ahuyentan al turismo y afectan a la salud pública.

La campaña que Quito está esperando con el retorno del dibujo animado de ‘Don Evaristo’ hace falta ponerla en marcha ya.

Cuando Quito contaba con alcaldes responsables inmersos en su rol de liderazgo ciudadano, las cosas marchaban mejor.

Tal puede ser el caso de la campaña cívica y de urbanidad de ‘Don Evaristo’, la caricatura del gran actor nacional Ernesto Albán Mosquera, que se puso en vigor en tiempos en que Rodrigo Paz Delgado era alcalde. Ya es hora de despertar a ‘Don Evaristo’ con toda su autoridad moral y cívica.