
Quito registró 258 siniestros de tránsito por alcohol y 735 conductores detenidos entre enero y julio de 2026. La cifra por sí sola no explica el problema, pero es una alerta para actuar con medidas que frenen esta conducta. También, significa una oportunidad para conocer qué hacen otros países desde hace varios años para detener las tragedias que ocurren por conducir bajo los efectos del alcohol.
Ciudad de México lleva 22 años con el programa Conduce sin Alcohol. Opera todos los días, las 24 horas, sin pausa. El resultado: una reducción del 30% en los siniestros por alcohol cada año, según sus autoridades.
Las iniciativas de otros países pueden servir a Quito para controlar los siniestros de tránsito por alcohol, mediante una estrategia sostenida.
No hay multas de por medio, solo arresto administrativo, y el objetivo no fue llenar las cárceles con los infractores, sino evitar que alguien no llegue a casa.
Nueva Zelanda tomó otro camino desde 1993: cualquier conductor que pase por un retén se somete a la prueba, sin excepción, sin necesidad de sospecha previa. En 10 años la siniestralidad por alcohol bajó de forma sostenida. Suecia y Estados Unidos fueron más allá: instalaron dispositivos que impiden que el motor arranque si detectan alcohol en el aliento del conductor.
Ninguno de estos programas depende de tecnología de punta ni de presupuestos imposibles de replicar. Dependen de una decisión simple, y ahí está el punto que Quito todavía no resuelve: sostener el control en el tiempo.
Un operativo de un fin de semana disuade en ese momento, sin embargo, un operativo que se repite cada día, durante años, cambia comportamientos y las cifras de los siniestros de tránsito por alcohol, como Quito.
Omar González, de la Alianza Global para la Seguridad Vial, lo resume con una idea que vale la pena repetir: la disuasión funciona cuando el conductor sabe, con certeza, que hay una alta probabilidad de que lo detecten si bebe y maneja. Esa certeza no se construye con un control esporádico, sino con presencia constante de los agentes o policías, haciendo las pruebas de alcoholemia.
Quito ya cuenta con equipos, con alcoholímetros homologados, con la experiencia técnica de la AMT, para impedir los siniestros de tránsito por alcohol. Lo que falta es una estrategia que no dependa de la coyuntura de cada tragedia, sino de una política sostenida en el tiempo, como la que ya funciona en otras ciudades del mundo.