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Terminó la campaña electoral. Los votantes de Quito tomaron sus decisiones y un candidato ganó la contienda. La propaganda y las estrategias del marketing político, en teoría, deberían también concluir.
Quito necesita avanzar en su construcción (o reconstrucción) como ciudad en crecimiento. Como un distrito que recibe a personas de otras urbes del Ecuador y del mundo.
“La política, a veces, es el entretenimiento de mucha gente. Esto -obviamente- no es bueno”, dice el periodista español Kiko Llaneras sobre los procesos de cambio de mentalidad de las personas. La frase es interesante desde el punto de vista del ciudadano. Al político le interesará que se vea a la política como entretenimiento, pero el ciudadano debe entender que la política es servicio y así puede exigir.
La capital de Ecuador es una metrópoli con problemas profundos producto de la falta de gestión urbanística. Pero también porque -de alguna manera- se ha sumido en silencios frente a esa falta de proyección de la ciudad.
Por ahora, no hay buenas noticas sobre las disputas políticas y propagandísticas. La actual administración no ha logrado inaugurar el Metro y el nuevo Alcalde quiere ponerlo en funcionamiento cuando él asuma su función. El debate de quién debe abrir al 100% las puertas del sistema de transporte masivo es irrelevante cuando Quito necesita un verdadero plan de movilidad.
La ciudad requiere que alguien ponga los puntos sobre las íes a los transportistas urbanos para tener reglas claras y modernas sobre la transportación. Nunca se ha logrado y se lo ha manejado con un tira y afloja político: han ganado los transportistas, quienes se preocupan por sus intereses y no por los pasajeros.
¿Qué pasa con la seguridad ciudadana? La respuesta que siempre se ha dado es que no es competencia de la Municipalidad. Pero ¿Existe alguna propuesta para mejorar el espacio público? ¿Cómo se puede articular mejor el trabajo con la Policía? ¿Se ha estructurado un plan comunitario en territorio?
Quito es, por sus características, diversa. No se puede pensar en dividirla. El éxito de cualquier autoridad estará en aprender a escuchar del otro, a gobernar con respeto y en diversidad. Si se quiere un Quito con una memoria diferente, se debe crecer incluso con los que no están de acuerdo en las ideologías políticas, pero sí con los que quieren una ciudad con un futuro distinto.