Protestas en el mundo: no solo falla la política

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Domingo 08 de diciembre 2019

A veces pudiera pensarse que la visibilización de las protestas en diversos puntos del planeta se debe sobre todo a la facilidad de acceder a las informaciones casi en tiempo real. Pero ese no es, ni de lejos, el principal factor.

Las protestas -muchas de carácter violento- tienen como mar de fondo la inconformidad de extensos grupos ciudadanos con sistemas políticos que no resuelven demandas como la salud, la educación o, en el caso reciente de Francia, la jubilación.

La agitación de varios meses en la región incluye a Chile, considerado por años un modelo económico. El malestar llega a tal punto que la promesa de una nueva Constitución no frena los actos violentos y el camino a un diálogo fructífero no se despeja.

El Primer Ministro francés anunció el viernes, en medio de las fuertes protestas sobre el alcance de las reformas al modelo de pensiones jubilares, que a sus conciudadanos les tocará trabajar más horas.

El debate sobre el Estado de bienestar está en auge incluso en países como Alemania. El asunto de fondo es el papel que les toca asumir a los Estados en un mundo en el cual las economías se han globalizado y el desarrollo de la inteligencia artificial ha provocado una revolución industrial sin precedentes.

Así las cosas, Estados como los de la región se sienten apretados al contar solo con los tributos que generan las actividades productivas y de consumo internas, pero apenas si logran poner en su radar las crecientes y rentables actividades basadas en aplicaciones y servicios facturados desde cualquier parte del planeta.

Desde luego, ese no es el único problema. Varios Estados siguen siendo obesos y ni siquiera así logran cubrir las necesidades básicas en salud, educación y seguridad.

Mucho se habla de la necesidad de un nuevo pacto político y social, pero a todas luces también se debe pensar en un nuevo pacto económico que contemple las nuevas realidades del mundo laboral y empresarial. La tarea es inmensa, pues no se trata de reformar la política como la conocemos sino de inventar nuevas políticas económicas y sociales.