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Los recientes debates entre los candidatos a prefectos provinciales y alcaldes dejaron un sinsabor entre quienes siguieron este proceso con el que se busca despejar las dudas ciudadanas sobre los planes de gobierno. La mayoría de personas se queja de que las propuestas para solucionar los problemas escasearon y que las generalidades y los ataques, en cambio, fueron abundantes.
Se atribuye el aparente fracaso de los debates al sistema utilizado. La gente reclama principalmente que los moderadores no tuvieran la posibilidad de preguntar y repreguntar con el fin de alcanzar precisiones; en lugar de ello, el Consejo Nacional Electoral estableció que los propios candidatos se interpelaran entre ellos, lo que dio lugar a que salvo excepciones, no se preguntara, se lo hiciera mal y las respuestas en muchos casos fueran evasivas o fuera de lugar.
Además, cuando a los candidatos se les pidió que detallaran sus planes en temas como movilidad, seguridad y gobernabilidad, las precisiones también fueron pocas y muchas las generalizaciones o salidas por la tangente. Cabe la duda, entonces, de que si lo que falló fue el esquema de debate o si las fallas están en un sistema electoral que permite la inscripción de casi todo el mundo y en el que el cumplimiento de requisitos básicos como la presentación de verdaderos planes de gobierno que no sean solo una serie de hojas impresas sea la norma.
Algunas personas hablan de desilusión frente a las propuestas o ausencia de estas más bien durante los debates. Pero el hecho de que los periodistas designados como moderadores tuviesen una participación más directa ¿hubiese aclarado las dudas ciudadanas sobre tal o cual tema o hubiese más bien profundizado el sentimiento de frustración frente a los aspirantes? ¿La posibilidad periodística de preguntar habría resuelto la falta de ideas sobre un tema específico cuando este no ha sido meditadoni planteado?
“La calentura no está en las sábanas”, solían decir los abuelos y quizás la frase puede aplicarse para el tema de la democracia electoral en Ecuador. Más allá de los debates, en un país en el que las promesas fáciles son aceptadas sin demasiada reflexión por la gente y el sistema permite la dispersión electoral, cabe la pena preguntarse si no se requieren requisitos básicos y controles más rigurosos a la hora de ser candidatos.