Emergencia, entre desorden y contradicciones

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Jueves 19 de marzo 2020

Los 17 millones de ecuatorianos viven una situación extrema. Ecuador no es una isla ajena a la pandemia globalizada que amenaza al mundo.

Para combatir el covid-19, el Gobierno ha ido poniendo en escena de modo progresivo varias acciones.

Desde los cercos epidemiológicos a los aislamientos, y al cierre de fronteras, puertos y aeropuertos para las personas, pasamos al estado de excepción y a los toques de queda (en Guayaquil ya rige desde las 16:00).

La medida extrema pretende cortar de raíz los contagios. Si no es así, las cosas pueden salirse de las manos. Europa es un ejemplo. Italia, el epicentro doloroso de muertes diarias, está desbordado por la pandemia.

Con el pedido de acortar las salidas a las indispensables, no bastó. Mucha gente actúa con sentido de supervivencia, de cuidado de su salud familiar y del resto de la población. Pero miles se lo toman a la ligera.

La limitación llega al control de circulación, paralización casi total de los trabajos, las oficinas, la industria y el comercio. Solo los locales de expendio de comida y medicinas pueden abrir evitando aglomeraciones.

El Gobierno decretó que los vehículos que transportan miembros de las fuerzas del orden, bomberos, médicos y personal de la salud, servicios básicos y periodistas podían circular. En su comunicado aclaratorio sobre la vigencia de los salvoconductos, el Comité de Operaciones de Emergencias ratificó ayer tal decisión. Pero el Ministerio de Gobierno tiene otro punto de vista sobre los medios.

Pareciera que restringir la producción de información -que se hace con las debidas precauciones- y la circulación de medios no es lo mejor en una emergencia sanitaria, aunque también se entiende la necesidad de restringir al máximo la circulación.

En cualquier caso, las decisiones deben ser ordenadas, a partir de una coordinación interna adecuada.

Asimismo, preocupa la contradicción entre la Alcaldesa de Guayaquil y la Secretaria de Gestión de Riesgos sobre el aeropuerto, que no puede bloquearse porque es vital.

Los ciudadanos y las autoridades deben ordenarse en la emergencia.