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Aunque queda la natural tristeza por no haber logrado el campeonato del Sudamericano Sub 17, lo que hicieron estos jóvenes es digno de reconocimiento. En el deporte, no siempre se puede ganar, aunque sea ese el objetivo de toda competencia.
Ecuador tradicionalmente no ha estado en estos lugares de la tabla en los torneos regionales de muchas disciplinas deportivas. El primer mundial que jugó Ecuador en toda su historia fue en Canadá, en 1986. Fue una generación espontánea de jugadores.
Luego, hubo que esperar que llegara este siglo para que la Selección ecuatoriana tuviera una mayor presencia internacional. Y ese gran momento se extiende a otros deportes.
Y quizá se puede desprender que haber llegado al Mundial de Catar con jugadores jóvenes, haber sido campeones sudamericanos y terceros en el Mundial de la Sub 20 del 2019, y haber vuelto a clasificar en esa categoría y en la Sub 17 nos revela que no se trata de una generación espontánea, sino el resultado de un trabajo serio en las divisiones formativas.
Lo que ha hecho Independiente del Valle, con un modelo que buscan aplicar otros clubes del país, es encomiable y es la muestra de que con un trabajo serio, las nuevas generaciones pueden dar grandes cosas al país.
En este momento en que los ecuatorianos estamos escandalizados por la violencia en el país, por organizaciones criminales que buscan sumar a sus filas a jóvenes de los sectores marginales, lo que ocurre con el deporte es la muestra de que es posible sacar adelante a los jóvenes.
Muchos deportistas han vivido la exclusión, pero el deporte ha significado un elemento de cohesión, de inclusión. Nada más emocionante y alentador ver a estos jóvenes, brindarse por entero por un país, por sus símbolos.
No pudo ser, pero estos muchachos han hecho un gran trabajo.