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En el país se está llevando a cabo un paro nacional liderado por la Conaie, los sindicatos, productores bananeros, entre otros. Hay, a la vez, preocupación de quienes prefieren continuar con sus labores cotidianas; pendientes del suceder de la movilización, toman decisiones prácticas, como por dónde movilizarse para dirigirse al trabajo o a sus casas. Es parte del mal recuerdo que dejó octubre del 2019.
El país está dividido en torno a las jornadas de movilización. Quienes las apoyan no creen en la convocatoria al diálogo del Gobierno y cuestionan su política económica; quienes las cuestionan creen que solo el trabajo saca al país adelante y que las marchas podrían frenar la recuperación económica.
Entre una de las demandas, según los movilizados, está la seguridad ciudadana. Precisamente, el domingo pasado se realizó una marcha por la seguridad en Quito, alrededor del parque La Carolina ante la arremetida del crimen organizado y del crimen común. Hay miedo, pero también hay la voluntad de no dejarse someter por él. Las personas quieren llevar adelante sus vidas y por eso participan de estas convocatorias.
La marcha fue organizada por 120 barrios de la capital. En su mejor momento, hubo casi 1 000 personas. No es un número que asemeja a toda la indignación que se lee por redes sociales o en los chats en que exigen al Gobierno una mayor intervención.
Es cierto que la responsabilidad de la seguridad interna es del Estado, pero también, al menos en estos momentos acuciantes, requiere de una participación ciudadana. Muchos barrios se han organizado: formaron brigadas, instalaron cámaras de seguridad, sirenas comunitarias, están en constante comunicación con las Unidades de Policía Comunitaria. Son los que entienden que la tranquilidad en la población requiere del esfuerzo mancomunado de todos los que hacemos Ecuador.
Si bien la seguridad es un tema político, detrás de la marcha de los barrios no hubo una agenda, sino una demanda legítima ante una violencia que golpea a todos los estratos. No puede quedar como un tema que preocupe, pero que no nos comprometa.