La educación es la clave contra los femicidios

Los hechos ocurridos el 11 de septiembre del 2022 en la Escuela Superior de Policía han puesto en debate la situación de la mujer en la sociedad ecuatoriana. Se puede decir que es crítica, porque, a partir de un condenable caso de femicidio, se ha ido concienciando sobre este problema y del que hay que desterrar la idea de que son episodios aislados o, peor aún, de carácter privado.

El delito de femicidio está tipificado desde el 1 de enero de 2014, luego de una reforma que se realizó al Código Integral Penal (COIP). Allí se establece en el artículo 141 que “la persona que, como resultado de relaciones de poder manifestadas en cualquier tipo de violencia, dé muerte a una mujer por el hecho de serlo o por su condición de género, será sancionada con pena privativa de libertad de 22 a 26 años”.

La Alianza Feminista de Ecuador lleva un registro del femicidio: desde el 2014 hasta el 16 de septiembre del 2022 hay un total de 1 247 casos. Las repercusiones de esta transgresión son nefastas, pues 144 niños han quedado huérfanos en este tiempo. La estadística muestra que el 53% de las víctimas tenía un vínculo sentimental con el perpetrador de este delito. Es aquí donde suelen darse confusiones en la opinión pública. ¿Es un fenómeno que ocurre puertas adentro, en una esfera privada en la que la sociedad debe mantenerse alejada? Ese ese el efecto de lo que erróneamente se califica como violencia intrafamiliar. Un eufemismo que trae impunidad, con la venia de los ciudadanos.

Hay dos términos que parecen similares: femicidio y feminicidio. El primero es el delito codificado en las leyes; el segundo corresponde a la acción transversal del Estado que no ha erradicado las causas de los asesinatos de mujeres. Es decir, ese segundo término alude a la responsabilidad de no tener una directriz pública orientada a prevenir el fenómeno y a gestionar que la taza de este delito se desacelere y baje. Para eso se necesita decisión política e inversión efectiva para educar a una sociedad que todavía justifica estos crímenes porque o bien cree que están en el ámbito familiar o que son pasionales.