Del paro a la violencia y al estado de excepción

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Viernes 04 de octubre 2019

La rápida reacción de los transportistas como respuesta a la eliminación de subsidios a la gasolina y el diésel asombra.

Sin espacio ni apertura para el diálogo y sin una propuesta alternativa frente a la realidad de la economía, el país se fue bloqueando. Calles con poco tráfico en algunos sectores y la consabida interrupción de vías fueron la tónica de la jornada de ayer.

Nadie desconoce que una medida drástica como la adoptaba podía traer consecuencias. Pero nadie puede admitir que antes de que la poderosa clase del volante se siente en la mesa, se decida ir al paro sin más.

El derecho a la protesta está consagrado en la Constitución y las leyes.
Pero también está clara una libertad más categórica para todos: el derecho a la libre circulación.

Nadie tiene derecho a bloquear las vías, menos, mucho menos, a destruir propiedad pública o privada. Es inaceptable que se atente contra la integridad física de las personas.

En esa medida, testimonios y videos que circularon profusamente dan cuenta del estado de tensión extrema que se vive en el país. Esos excesos y abusos no se pueden admitir.

El Presidente ha hecho uso de su prerrogativa y ha decretado el estado de excepción. Las garantías para circular y trabajar están por sobre cualquier interés particular y de tácticas políticas siniestras.

El Ecuador democrático no puede ni debe admitir que personas o grupos inescrupulosos intenten pescar a río revuelto y sembrar el caos interesadamente, dañando a la sociedad.

Si algunas personas u organizaciones no están de acuerdo con las medidas tienen el derecho a protestar y expresar su pensamiento de forma pacífica, respetando el derecho ajeno y el orden constituido.

Pero el Gobierno no solo tiene el derecho sino la obligación de tomar acciones para rescatar la economía de la ruinosa situación y acudir a medidas como la eliminación de subsidios que, como reconocieron a su tiempo quienes hoy se oponen a ello, benefician a los que más tienen en detrimento de los pobres.

Que retorne el orden y que volvamos al diálogo y la sensatez.