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El feriado en Ecuador llega esta vez con una advertencia adicional. Desde el sábado 31 de octubre hasta el martes 3 de noviembre habrá cuatro días consecutivos de descanso, pero también un escenario de lluvias intensas, tormentas eléctricas y carreteras afectadas por deslizamientos.
Viajar seguirá siendo posible; hacerlo como si las condiciones fueran normales sería ignorar señales concretas.
El Inamhi mantiene una advertencia vigente desde el 29 de octubre hasta el 1 de noviembre. Prevé lluvias moderadas a muy fuertes en el Litoral, con eventos más intensos entre el 30 y 31 de octubre, además de precipitaciones en la Sierra y Amazonía. En algunas zonas costeras podrían acumularse hasta 120 milímetros diarios.
El Niño permanece activo y en fortalecimiento.
Ese contexto importa porque el país ya llega al feriado con daños acumulados. Desde el 29 de agosto hasta el 28 de octubre, la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos contabilizó 817 eventos adversos por lluvias en 23 provincias. Más de la mitad fueron inundaciones y casi una quinta parte, deslizamientos. Varias carreteras presentan cierres o pasos parciales.
A ese riesgo se suma la movilidad. Entre enero y julio de 2026, Ecuador registró 12 933 siniestros de tránsito, 10 939 personas lesionadas y 1 445 fallecidas en el sitio. La distracción al conducir superó al exceso de velocidad como principal causa registrada. Lluvia, neblina, pavimento mojado o caída de material no crean por sí solos un siniestro, pero reducen el margen para corregir un error.
Por eso la prevención durante este feriado no puede limitarse a recomendar prudencia.
Las autoridades deben actualizar y comunicar el estado de las vías, señalizar cierres, disponer maquinaria donde existe riesgo de deslizamientos, controlar transporte público y velocidad, y reforzar vigilancia en los corredores con mayor circulación. La CTE anunció más de 4 900 agentes y 448 unidades para su jurisdicción. Esa presencia debe traducirse en capacidad de anticipar, no únicamente de reaccionar.
La prevención también exige información accesible y consistente, porque una alerta dispersa o tardía reduce la capacidad de tomar decisiones seguras.
También hay decisiones individuales que reducen exposición. Consultar la ruta antes de salir, evitar conducir durante tormentas fuertes, respetar límites de velocidad, mantener distancia, revisar neumáticos y luces, y no cruzar zonas inundadas son medidas sencillas. Si una carretera está cerrada o un río crece, cambiar el itinerario no es exageración.
En cinco provincias costeras —Guayas, Manabí, Los Ríos, El Oro y Esmeraldas— regirá además un toque de queda de 00:00 a 05:00 desde el 1 de noviembre. Quienes viajen deben incorporarlo a su planificación.
Un feriado también mueve turismo, comercio y encuentros familiares. No se trata de convertirlo en una emergencia anticipada ni de recomendar que nadie salga.
Se trata de entender que descanso y prevención no se contradicen. Cuando existen alertas meteorológicas, vías vulnerables y una alta siniestralidad vial, la responsabilidad pública consiste en disminuir riesgos previsibles y la ciudadana, en no aumentarlos.
El mejor operativo será el que evite que una alerta conocida termine convertida en una tragedia evitable.
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