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El sector energético del Ecuador se encuentra en un momento clave. A inicios de mayo de 2025, la demanda eléctrica alcanzó un récord histórico: 5 110 megavatios (MW), según el Operador Nacional de Electricidad (Cenace).
Este crecimiento sostenido en el consumo eléctrico, impulsado por el desarrollo económico y el aumento poblacional, expone la fragilidad del sistema.
El próximo estiaje, previsto entre septiembre de 2025 y marzo de 2026, pone a prueba esa fragilidad. Durante este periodo, los caudales de los ríos disminuirán y con ello también la generación hidroeléctrica, que aporta cerca del 90% de la electricidad nacional.
Se proyecta un déficit de hasta 746 MW si no se toman medidas inmediatas. Las termoeléctricas deberían cubrir esa brecha, pero muchas no operan a plena capacidad.
Termogas Machala, la principal central térmica del país, requiere 60 millones de pies cúbicos de gas al día. Pero, el Campo Amistad apenas produce, en promedio, 18 millones. Este campo ha sido anunciado en múltiples ocasiones como la solución, pero faltan muestras para que salga del estancamiento.
El Gobierno ha respondido con medidas de emergencia: arrendó barcazas eléctricas, firmó contratos de importación de gas y reactivó centrales paralizadas. Pero no dejan de ser soluciones temporales.
Los proyectos como las termoeléctricas de Salitral, Quevedo y Esmeraldas III aún no están operativos. Juntos aportarían más de 240 MW que hoy hacen falta.
Expertos de la ESPOL advirtieron sobre la necesidad de una reforma profunda. Proponen una nueva gobernanza del sistema eléctrico, inversiones sostenidas en infraestructura y la transición hacia fuentes renovables como eólica y solar. Estas ideas deben pasar del papel a la acción, de forma transparentes y con la participación activa de los sectores involucrados.
Es imprescindible una planificación multianual, respaldada por datos, plazos verificables y compromisos presupuestarios. Todos deben trabajar con un solo objetivo: que ningún hogar, escuela, hospital, industria o emprendimiento se detenga por falta de luz.
Ecuador debe pasar de la reacción a la anticipación. El estiaje es una certeza climática. Y aunque el reloj avanza, todavía estamos a tiempo. Lo imperdonable sería llegar a septiembre de 2025 sin un plan nacional concreto y realizable.
La energía no es un lujo ni una variable técnica. Es un motor del desarrollo, un derecho básico establecido en la Constitución. Que no se nos vuelva a apagar el país por falta de visión.