Dos años sin relaciones… pero el comercio entre Ecuador y México crece

Comercio entre Ecuador y México se mantiene sólido y con potencial de crecimiento pese a ruptura diplomática y menor inversión.

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El próximo domingo 5 de abril se cumplen dos años de la ruptura de relaciones diplomáticas entre Ecuador y México. Fue un episodio que tensó el escenario político regional tras el caso de Jorge Glas en la embajada mexicana en Quito.

Sin embargo, más allá del ruido diplomático, la evolución del comercio bilateral ofrece una lectura distinta: la economía ha seguido su propio curso.

Las cifras son claras. El intercambio comercial entre Ecuador y México no solo se ha mantenido, sino que muestra señales de reconfiguración, según un informe de la Cámara Binacional de Comercio Ecuador-México.

Las exportaciones ecuatorianas hacia México crecieron cerca de un 60% entre 2022 y 2025, impulsadas principalmente por el cacao en grano, producto que atraviesa un momento excepcional en los mercados internacionales. A esto se suma una estrategia de diversificación que ha permitido a los exportadores ecuatorianos consolidar nuevos espacios.

En paralelo, las importaciones desde México registraron una contracción cercana al 18%. Este ajuste no implica una ruptura comercial, sino más bien una adaptación en las cadenas de suministro y en las decisiones de compra. México sigue siendo un proveedor relevante, especialmente en insumos industriales, tecnología y bienes intermedios.

Lo más revelador de este periodo es que el comercio ha demostrado una notable autonomía frente a la coyuntura política. Mientras la relación diplomática permanece congelada, los vínculos económicos continúan activos, sostenidos por la lógica de mercado, la complementariedad productiva y la presencia de empresas mexicanas en Ecuador.

No ocurre lo mismo con la inversión. A diferencia del comercio, los flujos de capital sí han reflejado el enfriamiento del entorno, con una caída significativa en los últimos años. Esto evidencia que la confianza, elemento clave para la inversión, responde con mayor sensibilidad a los contextos institucionales.

No obstante, el verdadero punto de inflexión estará en la capacidad de generar condiciones de confianza que permitan reactivar la inversión y, eventualmente, retomar una agenda comercial que acompañe la dinámica ya existente.