El deporte femenino se abre espacio pero requiere de apoyo

Los gritos y saltos  de emoción de la levantadora de pesas Neisi Dajomes el 1 de agosto de 2021, tras ganar la medalla de oro en las Olimpiadas de Tokio

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Los gritos y saltos  de emoción de la levantadora de pesas Neisi Dajomes el 1 de agosto de 2021, tras ganar la medalla de oro en las Olimpiadas de Tokio, contagiaron a todo el país y se mantendrán sin duda como una de las imágenes más importantes en la historia del deporte ecuatoriano quizás para siempre.

Y no es para menos; fue la primera medalla olímpica conquistada por una mujer deportista ecuatoriana. La hazaña fue seguida días más tarde por Tamara Salazar, quien logró la medalla de plata en la misma disciplina olímpica.

Y esta semana, tanto Neisi como Tamara volvieron a mostrar su calidad al ganar preseas en los Juegos Bolivarianos que se desarrollaron en la localidad colombiana de Valledupar.

Pero con ser ambas las ecuatorianas de mayor consagración deportiva hasta la fecha, no son las únicas. Fueron precedidas por otros nombres femeninos que si bien no lograron victorias  de esos kilates, dejaron huella. Están, por ejemplo, la también pesista Alexandra Escobar, las atletas Nancy Vallecilla y Martha Tenorio o la ajedrecista Martha Fierro, entre muchas más.

¿Por qué no lograron el brillo de las citadas medallistas olímpicas? Probab lemente porque durante el tiempo en que compitieron el deporte en general y, particularmente, el deporte femenino tenía poco, casi nulo, apoyo estatal y privado.

Y esto no significa que Neisi, Tamara u otras deportistas ecuatorianas que compiten actualmente puedan considerarse como privilegiadas, pues reponen con sudor y alegrías cada dólar que se invierte en su preparación, viajes y competencias.

Además, a pesar de que los auspicios estatales y privados han mejorado en los últimos años tanto para los deportes en la rama masculina como la femenina, en Ecuador no son ni de lejos lo que nuestros deportistas merecen.

El escenario es similar en el fútbol femenino. Las jugadoras, que hoy inician el sueño en Colombia de llegar al Mundial 2023, se han ganado con esfuerzo el derecho de ser tratadas de forma similar, no igual aún, a sus colegas varones.  Pero falta mucho.