
Durante semanas, Ecuador alimentó una ilusión que iba mucho más allá del fútbol. La clasificación al Mundial 2026 y el buen momento que mostraba la Selección ecuatoriana despertaron una ola de optimismo que se tradujo en consumo, inversión y expectativas de crecimiento para cientos de negocios.
Sin embargo, una eventual eliminación temprana de la Tri amenazan con apagar ese motor económico antes de tiempo.
Cada partido de Ecuador representa mucho más que 90 minutos. Es una oportunidad para que restaurantes, bares, cafeterías, hoteles y locales de comida incrementen sus ventas. Lo mismo para que el comercio de camisetas, banderas y artículos deportivos mantenga su dinamismo.
Además, para que las cadenas de electrodomésticos coloquen más televisores y equipos de entretenimiento. Detrás de cada gol hay una cadena productiva que también celebra.
La demanda de televisores y equipos tecnológicos debía crecer en un 40% durante la temporada mundialista, mientras que restaurantes, bares y locales de entretenimiento esperaban que Ecuador dispute al menos cuatro encuentros. En ese caso se prevé un gasto acumulado, que podría superar los 216 millones de dólares.
Las proyecciones eran optimistas. La expectativa mundialista impulsó la venta de paquetes turísticos, llenó vuelos hacia las sedes del torneo y estimuló la compra de televisores, productos oficiales y cromos. Además, distintos gremios esperaban un importante crecimiento en el consumo durante junio y julio, con restaurantes, bares y comercios entre los principales beneficiarios.
Pero el fútbol también tiene un efecto inverso. Una eliminación prematura reduce el entusiasmo colectivo y, con ello, disminuyen las reuniones entre amigos, las reservas en restaurantes, la ocupación hotelera y el interés por adquirir productos relacionados con la Selección ecuatoriana.
El consumo emocional, que suele dispararse con cada victoria, se enfría cuando desaparece la expectativa de seguir avanzando.
No se trata de afirmar que la economía ecuatoriana dependa del desempeño de 11 jugadores. Sería un exceso. Pero sí es innegable que eventos de esta magnitud generan un impulso temporal que beneficia especialmente a pequeños y medianos negocios. El Mundial funciona como un catalizador del consumo, y mientras más lejos llegue la Tri, mayor es el efecto multiplicador sobre el comercio y los servicios.
Una eventual despedida de Ecuador del Mundial dejaría una lección conocida: las emociones también tienen impacto económico. La confianza del consumidor no solo responde a indicadores macroeconómicos; también se alimenta de símbolos capaces de unir al país.