El cierre del relleno sanitario debe implicar mejoras

Luego de las protestas protagonizadas por moradores de cuatro comunas del oriente del Distrito Metropolitano de Quito, el Municipio capitalino anunció que emprenderá el cierre técnico del relleno sanitario de El Inga. Alrededor de ese sector están las comunidades que hicieron manifestaciones, que incluyeron el cierre de la vía E-35 en la zona de la parroquia rural de Pifo.

El anuncio liberó las tensiones en la zona. La carretera se abrió y las actividades en el relleno sanitario se retomaron. Que el relleno deje de funcionar representa importantes pérdidas para la ciudad. Se estima que un día de inactividad implica perder USD 107 321. Sin embargo, más allá de que se haya logrado la reanudación de las operaciones, quedan dudas de que no han sido resueltas por las autoridades, de cara ahora a toda la ciudad. No se ha indicado, por ejemplo, cuánto tiempo llevará ese cierre técnico. En función de eso, también es necesario saber si ya se cuenta con un plan aprobado de dónde se ubicaría el nuevo relleno. Se ha dicho que todo eso está todavía en análisis.

La discusión no está solo en dónde y cuándo sino, sobre todo, en el cómo. Puede ser esta la oportunidad para pensar y ejecutar un proyecto para que el sitio adonde se lleve la basura sea más que un botadero, incluso más que un relleno. Que sea, en realidad, una moderna planta de tratamiento de los residuos que se producen en la ciudad, no solo para darles la mejor disposición final posible, bajo parámetros de control ambiental, sino para que sean centros de producción de energía, conectada con un esquema nuevo de reciclaje y reutilización de los desechos.

Sobre lo último, se requiere ahondar en el trabajo con la ciudadanía en general para fortalecer y ampliar las buenas prácticas de reciclaje. Los hogares, las empresas y las instituciones educativas pueden hacer todavía mucho más en ese aspecto. Un esquema integral alrededor del tratamiento de los residuos también debe vincular y dignificar el trabajo de los recicladores, eslabón esencial de la cadena, que trabajan, la mayoría, en la informalidad, lo que limita sus ingresos y afecta a su salud.