
El camarón dejó de ser solamente uno de los productos que Ecuador vende al mundo. En 2025, sus exportaciones alcanzaron 8 401 millones de dólares y superaron al petróleo. Ese cambio obliga a mirar al sector con otra escala: proteger su competitividad ya no es una demanda gremial, sino una tarea económica de alcance nacional.
La dimensión se confirma en 2026. Entre enero y mayo, Ecuador exportó 3 891,75 millones de dólares en camarón, 12,4% más que en el mismo período de 2025.
El producto representó cerca del 24% de los 16 288 millones de dólares exportados por el país durante esos cinco meses. Detrás de esas cifras funciona una cadena que incluye productores, trabajadores, laboratorios, alimentos balanceados, plantas procesadoras, transporte, logística, puertos y empresas exportadoras.
Esa fortaleza también crea una responsabilidad. Cuando un solo producto adquiere semejante peso, cualquier dificultad sanitaria, logística, comercial o de acceso a mercados puede extender sus efectos mucho más allá de las piscinas camaroneras.
Defender al camarón significa, por tanto, proteger toda la cadena y no únicamente reaccionar cuando aparece una barrera en el exterior.
El desafío inmediato está en Estados Unidos. Desde el 24 de julio, los productos ecuatorianos no exceptuados enfrentan un arancel adicional del 10% bajo la Sección 301. El camarón no figura entre las exclusiones concedidas a Ecuador. Por eso, el Gobierno y el sector buscan condiciones que eviten una pérdida de competitividad en uno de sus mercados relevantes.
Una desventaja prolongada puede modificar decisiones de compra y consolidar relaciones entre importadores estadounidenses y proveedores competidores, difíciles de revertir incluso si luego desaparece el arancel.
La negociación es necesaria, pero no debería agotar la política pública.
La defensa externa requiere diplomacia comercial, apertura y diversificación de mercados, seguimiento de medidas sanitarias y capacidad para responder a controversias comerciales. La defensa interna demanda bioseguridad, infraestructura, energía confiable, seguridad logística, innovación, formación y reglas que permitan invertir y producir con previsibilidad.
Eso tampoco significa otorgar privilegios permanentes. Un sector estratégico debe sostener su importancia precisamente con productividad, cumplimiento ambiental y sanitario, transparencia y capacidad para competir.
La protección útil no consiste en aislarlo de la competencia, sino en evitar que fallas internas o decisiones externas destruyan ventajas construidas durante años.
El éxito camaronero también plantea otra pregunta. Que el principal producto de exportación supere al petróleo es una señal de transformación de la economía, pero al mismo tiempo recuerda la necesidad de diversificar. Depender demasiado de cualquier producto, por exitoso que sea, aumenta la exposición del país frente a cambios de precios, mercados o regulaciones.
Ecuador logró en el camarón una actividad capaz de generar divisas, encadenamientos y presencia internacional. Ahora debe demostrar que puede administrar ese éxito. Protegerlo exige actuar desde el laboratorio hasta el puerto y desde la política interna hasta la mesa de negociación internacional.
No se trata de defender una industria porque creció. Se trata de cuidar una capacidad productiva que ya sostiene una parte significativa de la economía nacional, sin convertir esa fortaleza en una nueva dependencia.