América Latina, epicentro y espejo de la realidad

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Domingo 09 de agosto 2020

América es, desde hace varias semanas, el epicentro del coronavirus en el mundo. Arrebató ese siniestro sitio a China y a Europa, en su orden.

Las cifras continentales, desde luego, están atravesadas por los gruesos números de Estados Unidos, que pronto llegará a 5 millones de contagios y más de 161 000 decesos.

Pero hablando de América Latina, los datos que se actualizan permanentemente en varios sitios digitales son dignos de analizar.

Brasil, del tamaño de un continente por su extensión y con población numerosa, llega a 2 900 000 contagios y más de 99 000 fallecidos.

México tiene más 469 000 contagiados y supera los 51 000 muertos. Perú, que tuvo un buen comienzo en su lucha, alcanza 454 000 contagiados y 58 000 fallecimientos.

Luego sigue en esta macabra lista Chile. Ahí se cuentan 368 000 contagios y casi 10 000 muertes. Colombia se acerca: tiene 357 000 personas contagiadas y casi 12 000 fallecimientos a causa del letal virus.

Los números que empleamos son redondos y en ese contexto Ecuador, con más de 17 millones de habitantes, asusta, puesto que el porcentaje de personas contagiadas, si se pondera con el dato demográfico, es alto.

Hay 84 616 contagios confirmados con pruebas en el corte oficial al 8 de agosto. Hay 5 916 personas fallecidas y 3 534 fallecimientos probables por covid-19, lo cual da un total de 9 450.

La lista tiene otros polos de atención en Costa Rica, con algo más de 22 000 casos y 218 fallecidos; y Uruguay, con 1 325 casos y 37 muertes.

Más allá de posibles subregistros en algún país centroamericano y otro caribeño, hay aspectos que hacen compleja la simple comparación y podrían distorsionar el análisis. El retardo en medidas de aislamiento y confinamiento y la magra velocidad de la toma de pruebas es evidente.

Otro aspecto clave es que quedó al desnudo la frágil infraestructura hospitalaria, el número de camas, de unidades de cuidados intensivos y respiradores, y la poca colaboración ciudadana, en varios casos. Ciertos líderes deben cargar con la responsabilidad histórica de su demagogia.