José Ayala Lasso

Ecuador y Colombia

valore
Descrición
Indignado 12
Triste 2
Indiferente 3
Sorprendido 3
Contento 11
24 de December de 2011 00:03

Esta semana comenzó con un hecho significativo: la visita oficial del Presidente de Colombia. A pesar del corto tiempo que permaneció Santos en suelo ecuatoriano, los resultados de las conversaciones con Correa son positivos. Se suscribieron acuerdos y se examinaron temas de interés mutuo. Sin embargo, lo más importante de la visita fue el hecho mismo de que se realizara, por todo el simbolismo implícito.

Ecuador y Colombia están vinculados por una geografía de milenios y una historia de siglos. Su vecindad es una imposición irrefragable de la naturaleza. Comparten los mismos mares, ríos y tierras. La historia colonial les unió en el Virreinato y los albores republicanos les integró en la Grancolombia. El futuro -como lo ha recordado Correa- les convoca para una acción común. La vida democrática de sus pueblos, el respeto a las libertades y a los derechos de sus ciudadanos -en lo civil, cultural, económico, político, social, así como en lo atinente al desarrollo- les aconseja coordinar políticas y acciones. Los problemas que padecen serían más fácilmente resueltos si los afrontaran juntos, bien sea en cuanto a la lucha contra la pobreza, la enfermedad y la ignorancia, o la droga, la violencia y el terrorismo. La vecindad hace que todos estos males no puedan ser tratados con enfoques o políticas aisladas. Es hora de abrir los ojos a realidades innegables. Ciertos temas de política interna de Colombia tocan de cerca los intereses ecuatorianos, como también sucede en Colombia con lo que pasa en el Ecuador. En el fondo, esa es la razón sustantiva que justifica los esfuerzos integracionistas.

Tomar conciencia de estas realidades no significa negar la perenne validez del principio de no intervención y de respeto a la soberanía de cada estado.

A pesar de sus incontables similitudes, Ecuador y Colombia tienen identidades propias que debemos fortalecer en sus aspectos positivos. ¡Qué bueno fuera copiar, en el Ecuador, las tradiciones colombianas de respeto a la institucionalidad y a la norma del derecho! ¡Qué bueno fuera si existieran en Colombia los límites a la controversia política que han evitado en el Ecuador -hasta ahora- la lucha fratricida!

La visita de Santos nos ha permitido volver a estrecharnos las manos, sin recelos ni suspicacias.

Es obra de estadistas identificar los caminos por los que mejor se defiendan los intereses de sus pueblos.

Parece que ahora Correa y Santos coinciden en aceptar que, entre Quito y Bogotá, hay que concertar políticas comunes basadas en la buena fe y el mutuo respeto, así como en la pragmática identificación de intereses compartidos.

La historia nos reta a ser creativos y fecundos, puesto que la geografía nos condena -en lo bueno y en lo malo- a vivir siempre juntos.