
Clasificar a los dieciseisavos de final del Mundial 2026, venciendo a una selección alemana muy dura que tiene en su haber un gran currículo mundialista, nos ha llenado de una profunda emoción a todos los ecuatorianos. La emoción ha sido muy intensa no solo por haber superado una etapa bastante dura, sino porque lo hicimos en la última oportunidad que teníamos: ¡era ahora o nunca!
Empezar perdiendo el partido tempranamente, empatar y luego conseguir la victoria ha sido simplemente espectacular. Esta columna está dedicada a resaltar las lecciones que más allá del fútbol nos ha dejado este importante resultado alcanzado por Ecuador.
En psicología, esperanza es una emoción compleja que combina:
En resumen, la esperanza es el puente que conecta el deseo con un futuro próspero posible, y cuyos cimientos son el trabajo y la perseverancia.
Lo vivido por la selección ecuatoriana de fútbol en la primera fase del mundial 2026 retrata en gran medida la compleja realidad que vivimos día a día los ecuatorianos: Trabajamos con mucho ahínco, somos optimistas, esperamos lo mejor, pero el futuro próspero con frecuencia nos parece esquivo. Caemos, nos volvemos a levantar, empezamos nuevamente, pero el ciclo de malos resultados parece que se prolonga eternamente.
En este aparente círculo vicioso donde nos atrevemos, lo damos todo, y no conseguimos un resultado positivo, surge la pregunta ¿por qué intentamos una vez más si ya lo hicimos muchas veces y no lo logramos? La respuesta es simple: ¡porque tenemos esperanza!
Si no tuviéramos esperanza, nos quedaríamos estáticos y sumidos en la rendición. En este caso el futuro próspero simplemente dejaría de ser una posibilidad para convertirse directamente en un imposible. Con este contexto, ahora quizá puede entender mejor la frase “la esperanza es lo último que se pierde”.
Entonces, la esperanza es la gran diferencia entre lo posible y lo imposible, pero no hay que confundirse creyendo que esperanza es lo mismo esperar. Recuerde, esperanza combina creencia, deseo y motivación para la acción. Si falta alguno de estos elementos, entonces no hay esperanza, sino autoengaño. ¡La esperanza es no rendirse!
Excelencia viene de excelente, de sobresaliente; se refiere al máximo nivel de calidad. Para maximizar los chances de alcanzar un resultado positivo, hay que procurar ejecutar un trabajo de alta calidad, un trabajo con excelencia.
Lo curioso de la excelencia es que, en muchos aspectos de la vida, no tiene un límite: Casi siempre se puede mejorar un poco más. Entonces, no solo se trata de trabajar o esforzarse, se trata de cada día hacerlo un poco mejor.
La eficiencia y la efectividad son directamente proporcionales a la excelencia. Por lo tanto, lo que evita que la esperanza se convierta en un simple anhelo eterno es la excelencia de las acciones ejecutadas.
Formar un equipo es conformar un sistema en el que cada parte desempeña un rol importante, entendiendo que la suma desordenada de esfuerzos individuales difícilmente superará a un esfuerzo colectivo bien coordinado. En un equipo cada elemento juega un papel trascendental que depende y se complementa con el trabajo de los demás.
Consolidar un buen equipo, a pesar de ser algo deseable y necesario, no es una tarea fácil. Implica definir un objetivo común en el que todos ganan cuando se alcanza la meta, y en el que todos aprenden durante su proceso de consecución. Mientras más elementos conforman un equipo, más compleja se vuelve su gestión, pero también se multiplica su capacidad de alcanzar grandes metas.
Nuestro país debe procurar ser un equipo de aproximadamente 18 millones de personas que debemos apuntar a una gran meta común. Lograrlo no es fácil, pero si no lo hacemos, entonces no hay lugar para la esperanza de ser un mejor país.
Definir con precisión en qué consiste el éxito es una tarea bastante compleja porque cubre una amplia gama de posibilidades que van desde el mero utilitarismo hasta aspectos profundamente filosóficos. Sin embargo, todos nos esforzamos por alcanzar lo que consideramos éxito. La clave está cuando el éxito individual también se convierte en éxito colectivo.
Entonces es momento de tener esperanza, de trabajar con excelencia y en equipo para seguir alcanzando más éxitos que nos hagan sentir muy orgullosos de haber nacido en Ecuador. Vamos a jugar el partido más importante en el que todos somos protagonistas en la cancha y en la tribuna. Este es el partido que no podemos perder: El partido por hacer de este Ecuador una nación próspera para todos.
¡Vamos que sí podemos! Somos Ecuador, una gran marca: con “E” de esperanza, éxito, excelencia, equipo, emoción, entusiasmo, esplendor, empoderamiento, euforia, empatía y equidad.
¡Somos ecuatorianos hasta la eternidad!