
Uno de los temas más concretos del documento es el laboral. La encíclica aborda el impacto de la IA en la automatización del empleo, y cómo millones de trabajadores podrían quedar desplazados por la búsqueda de maximizar la productividad y reducir costos laborales.
La tesis es que las innovaciones tecnológicas “pueden aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión”. La IA, “alimenta la brecha entre los incluidos y los excluidos”. Este es precisamente el eco más directo de la Rerum Novarum: en 1891 la Iglesia defendió al obrero frente al capital industrial; hoy defiende al trabajador frente al algoritmo.
La encíclica reflexiona sobre el impacto que la tecnología tiene en los jóvenes, y subraya que es clave enseñarles a decidir cuándo y para qué no utilizarla. También advierte contra la posibilidad de generar dependencias, y recuerda que debemos estar siempre dispuestos a realizar las tareas de manera independiente, valorándonos frente a la máquina y protegiendo a los jóvenes “de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita”.
Este punto es quizás el más pedagógico del documento: no se trata de rechazar la tecnología sino de educar para no ser dominado por ella. La encíclica va más allá de las cuestiones tecnológicas y aborda las crisis que enfrenta la humanidad. León XIV dijo que la teoría de la “guerra justa”, una doctrina cristiana que establece en qué condiciones se justifica la guerra, se encuentra “ahora desfasada”, afirmando que la fuerza militar solo puede usarse para la “autodefensa en el sentido más estricto”. Suena lógico pero muy difícil llevar a la práctica frente a los múltiples intereses existentes.
En cuanto a la información, León XIV aboga por promover una “ecología de la comunicación”, es decir, una reforma del espacio informativo en la que el periodismo y la verificación de datos ocupen el lugar que les corresponde, reconociendo inequívocamente que los llamamientos a las grandes tecnologías que “invocan la ética en abstracto” no bastarán para frenar estos peligros.
Ciertamente no todo es advertencia en el documento. El mensaje final que quiere transmitir el Papa es de optimismo ante las posibilidades de una tecnología que, en sus palabras, es “un talento entregado a la humanidad para que lo haga fructificar”. Sin embargo, la tecnología no es neutral; puede mejorar las condiciones de vida de las personas, pero también puede ampliar las desigualdades, el control y la exclusión social. “1984“ de George Orwell revisado!.
El Pontífice cierra su llamamiento con una visión que equilibra la advertencia con la esperanza: “El tiempo de la inteligencia artificial puede ser un paso en el que el Espíritu haga madurar la civilización del amor en nuestras vidas”
Aquí reside la tensión más profunda del documento: sus llamados morales son poderosos, pero su capacidad de ser acatados es limitada. La encíclica reconoce inequívocamente que los llamamientos a las grandes tecnologías que “invocan la ética en abstracto” no bastarán para frenar estos peligros. Es el propio Papa quien admite que la ética declarativa no tiene capacidad de detener los trenes en marcha.
El hecho de que el papa haya supervisado la publicación del documento junto a Chris Olah, cofundador de Anthropic, muestra el apoyo tácito que algunas empresas de IA dan al mensaje ético del pontificado. Sin embargo, Anthropic es una empresa entre muchas, y la mayoría de los actores del sector, especialmente los que operan en contextos políticos, militares o comerciales y que no responden a valores católicos, seguirán su propio camino. Mientras la Iglesia pide “desarmar la IA”, otras potencias la están armando literalmente.
Magnifica Humanitas es, en suma, un documento moralmente valiente y filosóficamente sólido. Su debilidad no está en sus argumentos, sino en la naturaleza del poder que intenta interpelar: un poder global, disperso, veloz y, en gran medida, indiferente a la voz de Roma.