Divorcio entre política y economía

Ecuador muestra una economía estable pero una política débil, lo que evidencia un peligroso divorcio entre ambas.

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Ecuador empieza a dar muestras de un fenómeno que ha sufrido nuestro vecino Perú por mucho tiempo y que algunos consideran positivo, es el divorcio entre la economía y la política; la economía va bien, pero la política es un desastre. La inestabilidad política, del Perú con ocho presidentes en una década, contrasta con la estabilidad económica.

Algo parecido empieza a mostrar nuestro país. La economía no está mal; los datos indican que las exportaciones crecen, baja el riesgo país, no hay inflación y tiene cierta estabilidad, aunque con problemas gravísimos de energía, desempleo, salud, seguridad social, endeudamiento.

Este diagnóstico nos indica que el sector privado sigue funcionando a pesar de la crisis tan profunda que afecta al sector público. ¿Significa que los empresarios son competentes mientras los políticos son incompetentes? Conclusión apresurada si consideramos que los empresarios están en la presidencia, la vicepresidencia, el gabinete, las embajadas y en muchas instituciones.

Tenemos que reconocer que han desaparecido los políticos profesionales, esos líderes preocupados por la cosa pública, guiados por un proyecto válido para todos, respetuosos de la democracia entendida como la convivencia entre ciudadanos libres e iguales y respetuosos de los límites que impone en encargo de los ciudadanos.

Los políticos profesionales han sido reemplazados por aventureros, locos o interesados. El empresario tiene limitaciones y ventajas que le apartan del político. La limitación está en su objetivo que es obtener lucro y la ventaja mayor está en que respeta reglas como la competencia, los controles y la liberad del cliente.

La perdición del político es creerse dueño del poder, creer que le han otorgado porque se lo merece o porque es superior a los demás. Esta convicción le lleva a buscar el poder total y no para servir a los demás, sino para alcanzar sus propios objetivos. Por lo dicho, no puede ser bueno el divorcio entre la política y la economía.