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Que la Reserva es vital para la sostenibilidad de la dolarización es puro verbo. En la práctica al ser ajena al Estado, es un simple adorno.

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En estos días el tema del uso de los recursos de la Reserva Monetaria ha estado en boga. Muchos aseveran que este dinero no le pertenece al Gobierno Central, que son recursos principalmente de las instituciones financieras -ergo de sus depositantes-, municipios, empresas públicas e IESS y que, como tal, son recursos privados de los cuales el Gobierno no puede disponer.

Si esto es correcto, la Reserva Monetaria no serviría para nada en momentos en los que el régimen monetario vigente esté en riesgo. Es decir, cuando el circulante existente no satisfaga la demanda de dinero de la economía, contrayéndola fuertemente y generando una gran convulsión social -como la de 1999-, o en escenarios como los actuales, cuando por un choque externo -la pandemia- la economía enfrente una importante contracción que solo la inyección de dinero permitiría reactivar el consumo y la producción nacional.

Entonces, esto de que la Reserva es vital para la sostenibilidad de la dolarización es puro verbo. En la práctica al ser ajena al Estado, a sus ciudadanos, a su bienestar, no es más que un simple adorno. Y la verdad, todo esto suena un poco absurdo. No cuestiono la eventual propiedad de estos recursos, sino el hecho de tener USD 9 000 millones en un mundo paralelo sin que nadie vea la forma en la que puedan contribuir parcialmente para salir de la situación en la que el país se encuentra.

Por eso creo que se puede hacer algo más, y sin salirse de las restricciones existentes. Sí, otorgando líneas de crédito a los depositantes de los recursos en la Reserva contra sus propios depósitos en esta cuenta. En este caso se podrían inyectar recursos desde la Reserva, generar reactivación y sin profanar la propiedad de este dinero. Válido, ¿verdad?
Solo falta que tampoco les cuadre. Y si es así, quizá lo “mejor” sea entregar las armas: que la banca privada reciba no más estos depósitos y administre la Reserva. De pronto y ahí sí, a pesar de ser verdaderamente inadecuado, todos relajan sus posturas.