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La crisis de 2024 demostró que un sistema eléctrico basado en un 80% de hidroelectricidad es extremadamente vulnerable al cambio climático. Ecuador necesita una matriz diversificada que combine distintas fuentes renovables con sistemas de respaldo flexibles.
Energías variables como solución estructural: Ecuador tiene un potencial solar de 5 kWh/m²/día en varias regiones y velocidades de viento superiores a 6 m/s en zonas costeras. Para 2050, se proyecta un aumento del 30% en capacidad renovable no hidroeléctrica, pero esto podría acelerarse con políticas más audaces:
Aprovechar de la geotermia como base estable: El proyecto Chachimbiro y otras iniciativas geotérmicas en zonas volcánicas deben priorizarse, ya que ofrecen generación constante (a diferencia de la intermitencia solar y eólica). La geotermia podría convertirse en el nuevo “baseload” del sistema, reduciendo la presión sobre las hidroeléctricas.
Hidroelectricidad inteligente: Aunque se debe reducir la dependencia, las hidroeléctricas seguirán siendo importantes. Los megaproyectos Santiago (3600 MW) en dos etapas y Cardenillo (500 MW) en Morona Santiago deben reevaluarse bajo estrictos criterios socioambientales. En paralelo, es crucial modernizar las centrales existentes y mejorar su resiliencia climática.
Gas natural como puente estratégico: Durante la transición, plantas de ciclo combinado a gas podrían proporcionar flexibilidad al sistema con menores emisiones que los derivados del petróleo. La nueva ley que permite a las empresas importar gas para autogeneración es un paso en esta dirección, pero hay que corregir el tema de permisos, ya que normalmente se contrata abastecimiento por 20 años en múltiples despachos programados acorde con el consumo. (tema que muestra el desconocimiento de los reguladores sobre la materia regulada).
La intermitencia de las energías solar y eólica exige inversiones masivas en sistemas de almacenamiento y gestión de la demanda. Estudios recientes destacan el potencial de los Battery Energy Storage Systems (BESS) para el arbitraje energético, la reducción de pérdidas y mejora de la confiabilidad del sistema.
Almacenamiento a gran escala: puede optimizar el uso de la energía hidroeléctrica turbinada. Ecuador debería lanzar un programa nacional de almacenamiento que combine hidro bombeo en zonas montañosas para almacenamiento estacional como la construcción de una presa reservorio entre Mazar y Paute Molino y en la zona del río Quijos junto con sistemas térmicos que aprovechen el potencial geotérmico y baterías en los extremos de las redes de distribución como respaldo y mantener calidad de la misma.
Para una gestión activa de la demanda es necesario implementar tarifas dinámicas y programas de respuesta de la demanda, llevando el país hacia el desarrollo de un mercado mayorista, transparente a la oferta pública y privada, que incentiven el consumo en horas de alta generación renovable. Esto reduciría la necesidad de capacidad de respaldo fósil. Es tarea ya realizada por la mayoría de países sudamericanos.
Modernización de redes; como señaló la Ministra Manzano, “si recuperamos megavatios y no tenemos una transmisión eficiente, se puede perder todo el trabajo generado“. Se requieren inversiones urgentes en líneas de transmisión y distribución inteligentes y microrredes rurales.
Ninguna política energética puede tener éxito sin un marco institucional y financiero sólido. El Banco Mundial estima que Ecuador necesita invertir el 3.5% de su PIB anual (USD 3.7 mil millones) hasta 2050 en el sector energético, la mitigación y adaptación climática.
La política petrolera y energética óptima para Ecuador en 2025 y los años siguientes debe ser un modelo híbrido y pragmático que reconozca la realidad actual del país mientras construye las bases para un futuro bajo en carbono. Ecuador necesita un gran acuerdo energético que trascienda gobiernos y ciclos políticos, uniendo a todos los actores alrededor de una visión compartida de sostenibilidad y progreso. Es el momento de actuar.