Conservas 

De lo que mezclamos en una olla de fruta.

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Blog Sobremesa

Es época de revolver fruta en una olla. Así estaba, empujando mortiños con una cuchara de palo, sorda con el aguacero que caía afuera. Qué alivio resulta no poder prender la radio, ni siquiera poner uno de esos podcasts interesantes; no tener nada más que oír que mis propios pensamientos. Uno a uno van reventando los mortiños, salpicando morado, y mientras todo en el mundo se moja, la cocina se inunda de melancolía. 

Hay gente que no come mermelada. Una existencia desventurada, si me preguntan a mí, pero cada uno hace como puede. Lo he oído justificar como si fuese una prueba de personalidad. No, gracias, yo no soy de comer cosas dulces, no soy débil ni me dejo tentar por las bondades de la vida. También hay quienes se esfuerzan tanto en maximizar la superficie de un pan, que sin razonarlo bien, marginan una buena conserva por darle chance a otra tajada de queso. 

De estas vidas tristes, nadie sufre más — sin saberlo, siquiera — que aquellos quienes han sido expuestos exclusivamente a las mermeladas de supermercado. No es cuestión de marca; una puede gastarse el presupuesto semanal de fruta en un frasco de mermelada hecha en la fábrica de un país lejano, y aún así le va a faltar el ingrediente más importante, ese que se logra solo con el ejercicio de una persona que revuelve la fruta y sin darse cuenta añade cucharadas de memorias e ideas. 

Hace unos meses me comí una mermelada que me ha dejado pensativa. La compré en una de esas ferias de fin de semana, y desde entonces mi mente vuelve a la esquina donde la encontré. Mora, cilantro, y cardamomo. Esa es la cuestión, querido lector, de nuestro país de maravillas. Una cosa es vivir en un lugar donde hay abundante fruta todo el año, de una variedad y calidad extraordinaria. Otra cosa es añadirle a esa fruta una población de emprendedores impulsivos que inventan sin márgenes de costo, metas de venta, ni estudios de mercado. Simplemente revuelven la buena fruta que hay con sus ideas y esperanzas. 

Está lista la mermelada de mortiño. Es casi negra, y tiene la fuerza andina de lo que crece en el páramo pese al viento helado y el sol cegador. Con un poco de canela y clavo de olor, es un clásico sabor de octubre. 

El proceso de hacer conservas de fruta es una de las ideas culinarias más antiguas de la historia de la humanidad. Es el esfuerzo por no dejar que se desperdicien los alimentos. Es la manera de hacer durar un momento de abundancia. Es el ejercicio de enfrascar las reflexiones que se van cociendo en la meditación de revolver una olla de fruta. 

Como última nota, y antes de lavar la olla, me permito contarles que la próxima semana Sobremesa revelará los resultados de experimentos en la categoría de la gran colada morada. Opiniones sobre el secreto de una perfecta colada morada son muy bienvenidas en el formulario a continuación. No se olviden de revolver.