24 de September de 2010 00:00

La confusión de todos

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María Cárdenas R.

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Divide y vencerás, una frase hoy utilizada en la práctica y absolutamente real. Quien no tiene más recursos para alcanzar sus objetivos opta por separar formando bandos a través de agresivos comentarios, tal cual como en las películas de vaqueros. Es penoso que una hermandad especial y educada, con formación intelectual, como los periodistas, entre en el juego de los bandos. Por hoy, pura realidad. Escucho a algunos periodistas autocalificarse de independientes porque pertenecen a los medios estatales y tachar, atrevidamente, a los de los medios privados como vendidos. Todos deberían describirse como independientes porque esa es la ética fundamental periodística y su valor intrínseco frente a la sociedad. ¿Quiénes tienen derecho a llamarse independientes? Lo grave: esta confusión ya es de todos.

Mirando hacia atrás, aceptamos que, antes de que existieran los medios estatales y esto no hace mucho, todos los periodistas y reporteros de radio, prensa escrita y TV trabajaban para los medios privados pero, aún así se debían ayer como hoy, solamente a la comunidad frente a la cual tienen la obligación de informar porque esa es la esencia de su profesión. Aquellos que superan cierta edad y, por lo tanto son expertos en el campo de la comunicación social, fueron recibidos en pañales por los medios privados, hoy tan despreciados y muchos pertenecientes al Estado y, en ese ambiente, tuvieron la oportunidad de formarse en la práctica, la universidad de la calle y frente al público con el respaldo de los grandes privados. Por lo tanto, tendrían que pasar un par de generaciones para que los comunicadores se formaran “independientemente” y, solo entonces, podrían considerarse cien por ciento libres de cualquier influencia, aunque esta nunca existió. ¿Renegar de las raíces, es tan fácil?

Los hombres y mujeres que pongan por delante de la ética periodística la pertenencia a uno u otro bando, en detrimento de la libertad de expresión conjugada con la pertenencia a medios estatales y que, por lo tanto no gozan de la tolerancia característica innata de los medio privados, que permiten que sea el radioyente, el lector o el televidente, a quienes se deben los comunicadores, quienes practiquen su derecho de escoger lo que más les acomode según sus ideales y filosofía de vida, han perdido su norte.

Pensar que, hoy, un gremio tan importante para el país, que debería, ya sea a través de medios estatales o privados, comunicar el sentimiento del pueblo, la realidad del país, los sucesos positivos y negativos, realizando una crítica constructiva luego de una concienzuda investigación, tenga miembros que estén inmersos en los juegos infantiles de los bandos, es simplemente imperdonable.

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