Miguel Rivadeneira

Viejo pero nunca ladrón

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Lunes 27 de mayo 2019

En esta época en la que se han trastocado los valores, en la que se piensa en la política como un mecanismo de rápido enriquecimiento ilícito comiendo arroz verde y otros apetitos corruptos pero con un discurso de engaño al pueblo al que lo invocan a cada momento, Julio César Trujillo Vásquez ha dejado un gran legado de valores, de moral, ética, humildad, transparencia, que debe ser reivindicado por las nuevas generaciones.

Este ejemplo de un demócrata practicante no ha sido procesado por los corruptos de hoy, que siguen dando malos ejemplos. Pensar que horas antes de su derrame cerebral, que lo llevara a la tumba, fue agredido verbal y físicamente con huevos por los seguidores del prófugo en Bélgica, que no le perdonaron que el presidente del Consejo de Participación Ciudadana Transitorio haya dicho que por la cleptocracia en el gobierno anterior, “el puesto de Correa es la cárcel”.

En uno de los insultos que por su edad le profiriera una desconocida política que pasara a mejor vida con la revolución ciudadana, respondió con sabiduría: prefiero que me digan viejo y no ladrón. Los corruptos (sentenciados, prófugos y ovejunos agresivos enceguecidos) contra las personas honestas probadas hasta la saciedad. Hay ladrones que predican contra el robo para que no les hagan competencia, fue una de las frases célebres del filósofo español Miguel de Unamuno (a quien admiraba Trujillo).

Este reconocido hombre público, incapaz de una ofensa, símbolo de transparencia, fue bueno para esas personas hasta que quedaron al descubierto por abusadores del poder, violadores de DD.HH. y tanto acto de corrupción. El autoritario al comienzo de su administración le había propuesto reiteradamente que le acepte un puesto público de relevancia, que sea Procurador del Estado u otro cargo, pero con coherencia no le aceptó.

Sin duda, por todas sus actuaciones, ha sido uno de los mejores políticos nacionales, ilustre ibarreño, que naciera y viviera con humildad y modestia pese a ser un notable jurista, constitucionalista y un abogado con gran pensamiento social, al servicio de las causas de los más pobres y de los trabajadores, pero fundamentalmente del país.

Luego de una brillante trayectoria, aunque no alcanzara la Presidencia de la República, que le llevara incluso a la persecución, la cárcel y el destierro, en la recta final de su carrera política asumió a sus 87 años un enorme reto: liderar un proceso para la reinstitucionalización y el rescate del país y lo logró, luego de diez años de concentración del poder, que le estaba llevando a un destino fatal como a la Venezuela de la revolución bolivariana. El Ecuador debe agradecer al doctor Trujillo por todo lo que hiciera; sirvió al país, no se sirvió de él, y dejó un ejemplo de político honesto y especialmente de un gran ser humano.