Roberto Salas

Consenso posible

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Miércoles 20 de mayo 2020

La grave situación que la pandemia ha provocado en el mundo, y específicamente en Ecuador, requiere de decisiones fuertes, integrales y efectivas para que las sociedades puedan resistir, aprender y ganar resiliencia.

Sin embargo, no todos los países tienen la misma capacidad de tomar decisiones correctas, ya que estas dependen del nivel del desafío que se enfrenta, los recursos disponibles y la capacidad de ejecución y aceptación de las mismas.

En nuestro país la reactivación, aunque sea gradual ha sido exigida para recuperar los trabajos y los ingresos, pero no está inmune de riesgos si se hace mal o con imprudencia.

Por eso es necesario convocar a todos los actores relevantes a reflexionar y tomar decisiones en conjunto para organizarnos, lograr un sentido de unidad, promover la cultura del cuidado, reconstruir las cadenas de pagos y plantar las bases para un modelo de desarrollo que nos permita ser más sostenibles.

El consenso puede ser la mejor forma de tomar decisiones en temas difíciles e importantes, pero a su vez es la más compleja cuando hay poco tiempo y bajos niveles de confianza, ya que requiere que todas las personas e instituciones que intervienen asuman la decisión final como si fuese la suya propia y estén dispuestas a apoyar aunque no estén totalmente de acuerdo.

Las declaraciones, manifiestos, entrevistas y las opiniones están llenas de propuestas de qué hacer, pero poco se escucha sobre cómo convertirlas en decisiones y acciones concretas.

El problema es que estas propuestas vienen desde la perspectiva individual o sectorial basada en sus propias necesidades, perspectivas e intereses, sin necesariamente entender o escuchar a los otros sectores, ni ofrecer algo a cambio. Así se produce el “atrincheramiento” y la pugna de fuerzas donde ceder es percibido como debilidad.

Salir de esto no es fácil. Requiere reconocer con pragmatismo y humildad los niveles de credibilidad, y aplicar los procesos necesarios para construir en conjunto a través de un diálogo respetuoso, bien dirigido, que encuentre empatías, escucha activa, inclusión plena de involucrados, y capacidad de crear opciones mejoradas o nuevas que permitan proteger la dignidad de los líderes ante sus representados y al mismo tiempo satisfacer la necesidad del interés común.

Para algunos esta iniciativa debe venir del gobierno, otros pensamos que sería más efectivo si viene de la sociedad civil y las empresas por sus niveles de credibilidad en la opinión pública, pudiendo convocar animando a los principales líderes de los sectores y grupos diversos a un proceso técnicamente sólido, bien facilitado, y sobre todo con un propósito claro.

De esta forma lograríamos un consenso posible en los temas más críticos y podremos sembrar el embrión para renacer como país con un nuevo pacto.