Abelardo Pachano

Finalmente

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Viernes 04 de octubre 2019

El gobierno se decidió por corregir uno de los problemas mas complejos de la política económica: la existencia de subsidios de cuantía indeterminada, por tiempo ilimitado, con beneficiarios indefinidos.

El ajuste duele, cierto es, pero el país ya perdió demasiado tiempo y una montaña de dinero con esta deformada política de control de precios, que no le dio nada a cambio. O mejor, le ocasionó muchos daños, entre los cuales el despilfarro y la agresión ambiental tienen sitio privilegiado en este monumento a la irresponsabilidad.

Ahora es de esperar que a esta decisión le acompañen medidas que abran este mercado a la competencia a fin de ofrecer a los consumidores los mejores productos a los precios que resulten más convenientes.

Ahí se podrá saber si tener una refinería es beneficiosa o no. Y en caso de serlo, cuales son las condiciones que la deben adornar para no generar un nuevo hueco fiscal. También se podrá probar si Petroecuador (Petroamazonas) son eficientes y pueden competir.

Todo lo dicho y lo que se espera, lo hizo en el marco de un conjunto de medidas que parecen razonables y buscan un trato equilibrado a los distintos miembros de la sociedad, dentro de una situación que ya tenía expectativas muy deterioradas, con ansiedad contagiosa y muestras de inconformidad que casi llegaban a la intemperancia. Ojalá los cambios en el régimen laboral lleven a tener un sistema que promueva empleo formal y bajo condiciones de mejora en la productividad.

Por eso las reformas anunciadas en el plano tributario (eliminación del anticipo del impuesto a la renta, reducción de aranceles y del Impuesto a la Salida de Divisas, ISD, entre otras), tienen una lógica comprensible: avanzar en la construcción de una sociedad más competitiva, más abierta, menos medrosa; dispuesta a demostrar que, si puede ser eficiente, pero que requiere reglas claras, duraderas y un estado menos obeso. Pocas dudas caben sobre la necesidad de readecuar el tamaño y funcionalidad del Estado en la economía nacional. Lo que hoy hace es desproporcionado; y, la calidad del gasto tiene serios cuestionamientos sobre la efectividad en resolver los problemas a los cuales se supone están o estuvieron destinados.

Por lo tanto, es importante reconocer la consistencia que deben tener las reformas laboral y fiscal para crear un marco de política económica de vigencia indefinida. Si entendemos bien cómo trabaja la economía y cuales son los incentivos para crecer, es fácil colegir que en este trabajo de reordenamiento tiene que ver con la conveniencia de reconstrucción de los paradigmas básicos de una política económica sana, equilibrada, estable, predecible.

El país lo tiene que enfrentar porque no hay otra opción de salida.