Susana Cordero de Espinosa

Sosteniendo el mundo

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 20
Martes 01 de mayo 2018

La semana pasada, tuvo lugar en Quito la XIX Cumbre Judicial Iberoamericana. En ella se presentó en la Iglesia de La Merced el ‘Diccionario panhispánico del español jurídico’, con la presencia de don Santiago Muñoz Machado, académico de la Real Española y autor del ‘Diccionario del español jurídico’ sobre cuya base las academias americanas contribuimos con lemas, artículos y acepciones que corresponden a la juridicidad de cada uno de nuestros países, a elaborar el colosal lexicón de dos grandes volúmenes de más de mil páginas cada uno.

Cabe, para información de todos, no solamente de nuestros juristas a quienes, obviamente, está destinada esta obra estupenda, una breve referencia al trabajo panhispánico –recordemos, lector, que el prefijo pan- significa ‘totalidad’-, y que ‘trabajo u obra panhispánicos’ son los realizados por y para todos los países de habla española-, elaborados en colaboración entre la Real Academia Española y las academias correspondientes, que se integran en la Asociación de Academias de la Lengua.

¿Que desde siempre debió haberse trabajado así?; habría sido lo ideal, pero, hasta hace unos veinte años, el panhispanismo no pasaba de una utopía, dada la dificultad de comunicación que entrañaban las antiguas formas de envío y recepción de datos, libros, trabajos, etc. Hoy hay que agradecer esta inmensa posibilidad de comunicación e interacción inmediatas, a la red, y al estupendo equipo humano de lingüistas y lexicógrafos de la Real Academia Española, a sus sucesivos directores y, singularmente, a don Victor García de la Concha. Él, con los ya avanzados bancos de datos informáticos, el Corpus diacrónico del español y Corpus de referencia del español actual, volvió real, desde 1999, el trabajo panhispánico. Así, se repite que don Víctor permitió que “la Real Academia pasara de ser Real Academia a ‘academia real’.
Entre las obras panhispánicas, además del diccionario oficial, en edición digital con cerca de ochenta millones de consultas por mes, el trabajo ha dado frutos magníficos: el Diccionario panhispánico de dudas, la Nueva gramática, el primer Diccionario de americanismos, la enciclopédica Ortografía de la lengua, y hoy, el Diccionario panhispánico del español jurídico.

“En una tarea de intercambio permanente, las Academias articulan un consenso que fija la norma común para los hispanohablantes en cuestiones de léxico, gramática u ortografía, armonizando la unidad del idioma con la fecunda diversidad en que se realiza”...

Ya no caben reservas ni temores; La RAE no va a intentar reconquistar América a través de la lengua, como pensaban algunos académicos decimonónicos. Hoy el trabajo en común es garantía de unidad, al par que de diversidad. Si no, que lo digan los lectores de nuestros diccionarios y de tantas obras panhispánicas, que, como lo escribió García Márquez, ‘sostienen el mundo’. Sí, la palabra, efectivamente, sostiene el mundo y nos sostiene en él. Cultivémosla.