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La culminación del Ferrocarril Guayaquil-Quito, inaugurado en la estación de Chimbacalle el 25 de junio de 1908, impulsó la idea de que, como complemento de la emblemática obra, era necesaria la extensión de ese sistema de transporte en el área urbana de las dos ciudades, a fin de que facilite el acceso de pasajeros desde las zonas densamente pobladas hasta las respectivas terminales ferroviarias y viceversa.
Según testimonios históricos de la época, el 8 de octubre de 1914 inició su actividad el tranvía eléctrico en la ruta Chimbacalle-Avenida Colón de la capital y luego se extendió a otros sectores.
El 15 de enero de 1910 se reemplazó a los caballos con la energía eléctrica para la operación de los tranvías en el puerto principal.
Los tranvías eléctricos funcionaron relativamente poco tiempo en ambas ciudades, esto es hasta mediados del siglo XX, ante la incursión de buses y taxis, que, así mismo, años después también sufrieron el impacto de los buses articulados y ahora hay expectativas por el tren subterráneo que comenzará a operar el próximo año.
Todo esto enmarcado en los avances en el campo automotor, similares al auge tecnológico que se experimenta en las diversas actividades del quehacer humano. En este escenario ha surgido un nuevo conflicto en Quito, relacionado con el servicio de taxis. Se trata del moderno sistema que utiliza la plataforma APP, que ya se ha implantado con buenos resultados en otros países y tiene algunas ventajas frente a los requisitos establecidos en forma tradicional en nuestro medio, el cual, si bien tiene buena acogida, actúa en forma clandestina, sin autorización de los organismos correspondientes y no es la panacea para tan controvertido trabajo.
Sin embargo, el ilegal bloqueo de calles que afecta a quienes nada tienen que ver con este problema; la prepotencia y las amenazas de dirigentes da los gremios que agrupan a miles de propietarios y conductores de taxis, no es el procedimiento correcto para la solución de esta disputa, de la que podrían surgir resultados positivos si se lo maneja con acierto.
El sentido común aconseja a los taxistas tradicionales que reflexionen que es irreversible la evolución, la mejora de los servicios y, por lo tanto, como dice una expresión popular, que “tomen al toro por los cuernos” y den los pasos pertinentes para modernizar su trabajo y competir o asociarse con los innovadores.
Desde luego, la ANT y el Municipio deben exigir a todos los involucrados en esta actividad el estricto cumplimiento de las normas vigentes.
Por otra parte, es plausible la iniciativa del Comité Barrial de La Mariscal que, conjuntamente con las cooperativas de taxis y la Policía, han establecido espacios de estacionamiento nocturno y medidas para recuperar la tranquilidad en la zona.
Un buen ejemplo que merece que sea imitado.