El celular, ¿un intruso amigable?

Es una herramienta moderna que conecta, informa y entretiene, pero su uso excesivo puede causar adicción y afectar la salud.

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El celular es un dispositivo electrónico móvil -una computadora de bolsillo-, que nos permite comunicarnos mediante señales de radio en tiempo real, gracias a la Internet, con cualquier país del mundo; recibir y enviar llamadas, fotos, noticias, textos, datos, correos electrónicos y videos, acceder a aplicaciones, navegar en la Web, descubrir conocimientos, jugar y también trabajar a distancia con funciones programadas para comprar, vender, distribuir, aprender y viajar por el ciberespacio.

Es una herramienta de la vida moderna, que ayuda a las personas a estar conectadas, estudiar, aprender, trabajar y entretenerse; es decir, todo o casi todo. Y la dependencia -los especialistas hablan de adicción– al celular es tal que, para ciertas personas, forma parte de su cuerpo, porque van a todas partes con él y es, por lo tanto, imprescindible.

En la otra orilla están quienes ven al celular con cautela, lo utilizan de vez en cuando, y prefieren el teléfono fijo o tradicional, y por supuesto, la conversación. Ante estas situaciones, algunas familias han tomado decisiones draconianas: prohibir los celulares en las horas del desayuno, almuerzo y cena, salvo situaciones excepcionales como una enfermedad súbita, un temblor o una calamidad doméstica. ¿Un intruso en casa?

¡El celular en el siglo XXI es un adminículo famoso! Investigaciones recientes han demostrado con evidencias que el uso excesivo del celular provoca enfermedades mentales calificadas por los organismos de salud, y también trastornos en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Con razón, algunos países –Ecuador también se ha adherido– han legislado para regular el uso de celulares dentro de los planteles educativos, con ciertas dudas, pues las puertas para la discrecionalidad están todavía abiertas, de manera especial en los hogares y fuera del horario de clases, cuando por falta de responsabilidad puede instalarse el abuso.

Hay que reconocer que este utensilio polifacético incide de manera positiva en los ámbitos de la vida de las personas y pueblos. ¡No hay sociedad humana, grupo o país que se quede fuera! La conectividad es ahora un derecho humano de última generación.

Y ante los desvíos, adicciones y abusos han surgido voces de alerta. La administración de justicia, por ejemplo, utiliza los contenidos de los celulares -textos, imágenes y audios- para probar supuestos delitos. Es hora, entonces, de usar esta maravilla tecnológica con responsabilidad, decoro y prudencia. ¡Y que este intruso amigable sirva para construir el bien común, y no para desgastar la verdad!