La caída de PISA nos obliga a mirar la educación

PISA 2025, publicado el 8 de septiembre de 2026, deja una alerta educativa para Ecuador.

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Los resultados de PISA 2025, publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) este 8 de septiembre de 2026, vuelven a poner a la educación frente a una pregunta que no podemos postergar: ¿qué está ocurriendo con los aprendizajes de nuestros estudiantes?

La novena edición de PISA evaluó a más de 760 000 estudiantes de 15 años en 91 países y economías. En Ecuador participaron 9 128 estudiantes de 266 instituciones educativas, una muestra que representa aproximadamente a 267 900 jóvenes de esa edad.

Los resultados son preocupantes.

En matemáticas, solo el 20% de los estudiantes ecuatorianos alcanzó al menos el nivel básico de competencia. En lectura lo hizo el 38% y en ciencias, alrededor del 40%. En las tres áreas, Ecuador se encuentra por debajo del promedio de la OCDE.

Pero la importancia de estos resultados no está únicamente en las cifras.

Está en lo que esas cifras nos obligan a mirar.

Una caída que no podemos normalizar

PISA no pretende decir solamente cuánto contenido recuerda un estudiante.

Evalúa hasta qué punto puede utilizar sus conocimientos para resolver problemas, pensar críticamente y comunicarse de manera efectiva. También recoge información sobre el contexto en el que aprende.

Por eso, cuando ocho de cada diez estudiantes ecuatorianos no alcanzan el nivel 2 en matemáticas, la preocupación no debería reducirse a una posición en un ranking.

Debería llevarnos a preguntar qué aprendizajes no estamos consiguiendo consolidar.

La misma pregunta aparece en lectura y ciencias.

No estamos hablando únicamente de estudiantes que olvidaron una fórmula, una definición o un contenido específico.

Estamos hablando de competencias que permiten comprender información, establecer relaciones, interpretar situaciones y utilizar lo aprendido frente a problemas nuevos.

Ese es el verdadero significado educativo de estos resultados.

Ecuador no es un caso aislado

La caída tampoco es exclusivamente ecuatoriana.

La OCDE señala que el rendimiento promedio de sus países alcanzó en 2025 sus niveles más bajos registrados hasta ahora en matemáticas y lectura. Entre 2015 y 2025, la puntuación media cayó 22 puntos en matemáticas y 28 puntos en lectura.

Esto nos habla de una dificultad internacional.

Pero que el fenómeno sea global no reduce la necesidad de analizar lo que ocurre en Ecuador.

La propia ficha del país muestra que los resultados de 2025 fueron inferiores a los de 2017 en matemáticas y lectura, mientras que en ciencias se mantuvieron aproximadamente en el mismo nivel. Al mismo tiempo, la OCDE advierte que la expansión de la educación secundaria hacia poblaciones anteriormente marginadas debe considerarse al interpretar la evolución ecuatoriana.

Esta información impide una lectura simplista.

La ampliación del acceso a la educación es un avance.

Conseguir que quienes ingresan al sistema alcancen aprendizajes sólidos es el desafío que sigue.

Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

La lectura merece una alerta especial

Entre los tres campos evaluados, la lectura merece una atención particular.

Comprender un texto no significa únicamente reconocer palabras o localizar una respuesta evidente.

Implica interpretar, relacionar información, valorar aquello que se lee y, progresivamente, distinguir entre hechos, opiniones y argumentos.

La OCDE advierte que la caída internacional en lectura ha sido especialmente marcada en capacidades cada vez más necesarias en la era digital, como evaluar información, conectar distintas fuentes y analizar críticamente aquello que leemos. También señala que, en muchos países, el deterioro comenzó antes de la pandemia.

Esto adquiere una dimensión todavía mayor en un contexto en el que los estudiantes reciben información constantemente y utilizan herramientas de inteligencia artificial.

Leer bien ya no es solamente una competencia escolar.

Es una herramienta para comprender el mundo.

La inteligencia artificial cambia la pregunta

PISA 2025 incorpora además una realidad que hace pocos años no formaba parte de esta conversación educativa: la inteligencia artificial.

La OCDE señala que la relación entre el uso de IA y el rendimiento académico es compleja. Los estudiantes que utilizan estas herramientas para determinadas tareas pueden obtener peores resultados, mientras que el uso con propósitos definidos y acompañado de orientación sobre cómo evaluar la información generada puede relacionarse con mejores desempeños.

Esto nos plantea un desafío que no se resuelve prohibiendo o celebrando la tecnología.

Nuestros estudiantes necesitan aprender a utilizarla sin delegar en ella aquello que todavía necesitan construir por sí mismos: comprender, razonar, cuestionar, comparar y tomar decisiones.

La tecnología puede acompañar el aprendizaje.

No puede reemplazarlo.

No podemos olvidar al estudiante que está detrás del dato

Hay otro aspecto de PISA 2025 que considero especialmente importante.

Los resultados no muestran solamente dificultades académicas.

También permiten conocer actitudes y experiencias de los estudiantes frente al aprendizaje y la escuela. La evaluación recoge información sobre sus disposiciones, creencias, hogares y experiencias escolares.

Esto nos recuerda que detrás de cada porcentaje existe un adolescente con una historia educativa particular.

Por eso, mejorar los resultados no puede significar simplemente exigir más.

Necesitamos comprender mejor cómo aprenden, qué obstáculos encuentran y qué condiciones favorecen que puedan sostener el esfuerzo necesario para aprender.

La educación no ocurre en el vacío.

Las diferencias sociales, los recursos disponibles y las oportunidades educativas también forman parte de esta historia.

Los aprendizajes tienen una trayectoria

Desde una mirada pedagógica, hay una idea que estos resultados deberían hacernos recordar: las competencias que PISA evalúa a los 15 años no comienzan a construirse a los 15.

La comprensión, el razonamiento, la capacidad de formular preguntas, resolver problemas, explicar una idea y perseverar frente a una dificultad se desarrollan progresivamente.

Comienzan mucho antes.

Están presentes cuando un niño intenta explicar por qué ocurrió algo, compara, clasifica, anticipa, escucha una historia, formula una pregunta o busca diferentes maneras de resolver una situación.

Esto no significa responsabilizar a la educación inicial por los resultados de un adolescente.

Significa comprender que los aprendizajes tienen una trayectoria.

Cada etapa educativa recibe una historia y prepara la siguiente.

Por eso, si queremos comprender las dificultades que aparecen a los 15 años, también debemos preguntarnos cuándo comenzaron y qué oportunidades tuvo cada estudiante para superarlas.

Una alerta que exige algo más que preocupación

Los resultados PISA 2025 no permiten afirmar que todo está mal.

Pero tampoco nos permiten ignorar que existe una dificultad importante en los aprendizajes.

La caída merece preocupación, pero la preocupación por sí sola no transforma una realidad.

Necesitamos fortalecer la lectura, las matemáticas y las ciencias. Pero también necesitamos revisar cómo enseñamos, cómo evaluamos, qué oportunidades ofrecemos para comprender y qué condiciones necesitan los estudiantes para aprender mejor.

PISA nos entrega una fotografía de nuestros estudiantes a los 15 años.

La fotografía es preocupante. Pero ninguna fotografía cuenta por sí sola toda la historia.

La verdadera tarea comienza cuando dejamos de preguntarnos únicamente cuánto bajamos y empezamos a preguntarnos qué aprendizajes no estamos logrando consolidar, cuándo aparecen esas dificultades y qué podemos hacer para que las próximas generaciones tengan mejores oportunidades de aprender.

Porque una educación de calidad no consiste solamente en responder correctamente una prueba.

Se reconoce cuando un estudiante puede comprender lo que lee, razonar ante un problema, cuestionar la información que recibe, pedir ayuda cuando la necesita y utilizar lo aprendido para entender mejor el mundo.

La caída de PISA es una alerta. Ahora necesitamos convertir esa alerta en mejores preguntas y, sobre todo, en mejores oportunidades para aprender.