Cacao: Exportamos sacos vacíos de futuro

La nueva Ley del Cacao no puede limitarse a la inercia exportadora de grano en bruto ni a la intermediación que precariza al productor.

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El laberinto legislativo y el espejismo del statu quo

El debate legislativo alrededor del Proyecto de Ley para el Fomento e Innovación del Sector Cacaotero Ecuatoriano, impulsado por la asambleísta Esperanza Rogel, naufragó en la inocencia al unificarse con otras leyes agrarias, en la Comisión de Soberanía Alimentaria de la Asamblea Nacional, y desnuda la hipocresía estructural de nuestra agroindustria. Mientras los campesinos exigen reglas claras, la postura gremial de los grandes exportadores insiste en mantener un mercado desregulado a su conveniencia.

Ese cómodo statu quo no es libertad de mercado: es un negocio sin alma donde el gran exportador engorda sus cuentas vendiendo contenedores de materia prima, mientras al finquero se le paga precios de miseria. Las navieras celebran bodegas repletas mientras el campesino se ahoga en deudas. A las cúpulas no les interesa que el cacaotero aprenda a procesar, refinar y peor que elabore chocolate; les resulta más rentable mantenerlo como recolector barato de grano sin fermentar, sin trazabilidad; para proyectar en el extranjero el sello de su marca en sacos de yute cargados de pepas huérfanas de identidad.

La alquimia mutilada: El asesinato del aroma

El campo ecuatoriano asiste hoy a un funeral silencioso. La voracidad exportadora impulsó la herejía del grano desbabado y secado al vuelo. Sin fermentación, se asesinan los precursores de aroma del cacao. Ese grano con el origen muerto, las multinacionales del chocolate lo usan para camuflar la aspereza de los cacaos ordinarios africanos, borrando la huella del Ecuador.

El espejo del norte: La dignidad sembrada en el mapa

Mientras tanto, el vecino del norte construye un imperio con visión soberana. Colombia, a través de FEDECACAO y su Mesa Nacional de Trazabilidad del Cacao (MNTC), enfrenta con rigor el reglamento europeo contra la deforestación mediante geolocalización de parcelas, análisis de frontera agrícola, y plataformas como Clima-LoCa, ponen la condición socioeconómica del ser humano que labra la tierra, en dialogo de igual a igual con la química del suelo, la amenaza del cadmio y el desafío climático. Los colombianos no envían más costales al muelle; transforman al campesino en alquimista del fermentado, tostado, refinado y la formulación; para vender barras de autor con acento propio en las vitrinas de Europa y Asia.

Las tres columnas para romper el yugo

Nuestra futura Ley del Cacao, no puede ser un pliego de buenas intenciones a la medida del comerciante portuario. La Mesa Técnica que nazca en el legislativo debe erigirse sobre tres pilares innegociables:

1. Censo fitogenético georreferenciado planta por planta: para transparentar cuántas hectáreas existen y de qué variedades, blindando el origen frente a las exigencias ambientales de la Unión Europea. La opacidad estadística solo alimenta la especulación de los intermediarios, mientras la luz del catastro satelital asegura el acceso a los mercados más estrictos del planeta.

 2.  Obligatoriedad de fermentación y microlotes con QR: prohibir la comercialización de cacao sin curva térmica de fermentación y agregar altitud, microclima, variedad y nombre del agricultor, de la finca, la comunidad o asociación de procedencia.

3. Incentivo real de cacaotero a chocolatero: Colombia demostró que la riqueza no está en mandar sacos de pepas al puerto, sino en enseñar en la finca a formular chocolate con identidad territorial, para que el campesino comience a templar su propio destino.

La corona de nuestros pisos climáticos

El mercado internacional más exigente y que más paga, no demanda más volumen de grano anónimo; exige pasta pura y manteca virgen, con postcosecha reglamentada y controlada por el INIAP, MAG, MAE y Agrocalidad, para ser proveedores selectos de los procesos Bean-to-Bar que marcan trazabilidad en cada tableta, el apoyo socioeconómico al agricultor y el compromiso con la protección ambiental.

Ecuador cuenta con una diversidad de pisos climáticos y genéticos única y gigante, con una paleta de perfiles organolépticos que ninguna fábrica suiza puede clonar. Podemos ser la capital mundial de los chocolates de autor. Es hora de poner en el centro, el bienestar económico del campesino, y que el cacao deje de ser saqueado como commodity de capitales especulativos y valga por lo que realmente es: la salida de la pobreza de millones de familias.