Carlos Larreategui

¿Qué se busca?

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Miércoles 11 de enero 2012
11 de January de 2012 00:01

En los últimos días, Ecuador ha sido objeto de enorme atención mediática internacional y profusos análisis políticos y económicos. La visita del Presidente iraní a Cuba, Venezuela, Nicaragua y Ecuador, los socios más importantes de la Alba, ha provocado un intenso debate sobre las verdaderas razones del controvertido viaje de Ahmadinejad a la región.

Más allá del colorido discurso oficial, el periplo del Presidente iraní tiene objetivos políticos muy claros. En medio del aislamiento internacional creciente que sufre Irán, es imperativo demostrar a los Estados Unidos y al mundo que el régimen de Ahmadinejad tiene amigos y aliados que lo respaldan en su enfrentamiento con Occidente. Adicionalmente, la situación interna de Irán es convulsa y su Presidente ha perdido apoyos sustantivos, incluyendo el del ayatolá Alí Jamenei, ‘Guía de la Revolución’ y ‘padre espiritual’ de esa nación. Y no menos importante, la economía iraní sufre un deterioro progresivo que se traduce en altas tasas de inflación, devaluaciones constantes y la pérdida de poder adquisitivo de la población. Por ello, Ahmadinejad pretendería también fortalecer su imagen interna y sus opciones en los comicios legislativos de marzo.

La ofensiva diplomática iraní debe ser interpretada como una muestra de la enorme debilidad interna y externa que afecta a su gobierno. Resulta patético, sin embargo, que Ahmadinejad deba encontrar refugio en los países de la Alba que no representan un bloque político ni económico relevante y que, más allá de su discurso antiimperialista agresivo, no estén dispuestos a enfrentar en serio a los Estados Unidos.

Las acciones diplomáticas están llamadas siempre a defender y promover el interés nacional. Resulta incomprensible que el Gobierno ecuatoriano otorgue un apoyo político sin beneficio de inventario a Irán y se exponga con ello a un mayor ostracismo en el contexto mundial. La política exterior del Ecuador no puede estar fundada en los prejuicios y antipatías de nuestros revolucionarios ni en las consignas de Venezuela y su Alba. Mucho peor si esos prejuicios y consignas son abiertamente contrarios a los sentimientos del pueblo ecuatoriano y a su clara identificación con los valores democráticos de Occidente.

No olvidemos que en el 2008, el Gobierno de la revolución ciudadana anunció exultante el inicio de relaciones económicas y comerciales con Irán y unos flujos insospechados de inversiones y transferencias que jamás llegaron. En el fondo, todos sabemos que Ecuador e Irán tienen muy poco que ofrecerse. Con las últimas sanciones financieras impuestas por los EE.UU., el Gobierno debería estar consciente de que no puede realizar intercambios económicos con Irán a menos que quiera jugar con fuego y poner en riesgo la dolarización. ¿Qué se busca, entonces?