La buena ecuatoriana

Descubriendo comidas ancestrales bajo nuestras propias narices: la harina de seis-siete granos y su correspondiente uchujacu

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Recientemente me invitaron a participar en la ceremonia de un matrimonio eclesiástico. Mi papel consistía en leer un pasaje de la Biblia, pero por razones que no son de mayor consecuencia, el rato que pasé a leer, me cambiaron la lectura. 

Al frente de toda la congregación conformada por parientes, amigos y conocidos, me embarqué en un discurso sobre “la buena esposa.” Quienes me conocen — osea, la mayoría de la audiencia — saben que mi versión de una esposa ideal poco tiene que ver con la versión de los hombres que redactaron estos textos hace literalmente mil años. 

Entretenido para algunos e impactante para todos, leí una a una oraciones que jamás pensé se oirían en mi voz. En su peor momento, no logré suprimir por completo una mueca ante mi horror de lo que se me había escapado por la boca, algo sobre hablar poco y no tener opiniones…

Pasado el episodio, me he quedado pensando sobre las definiciones que como sociedad vamos asignando para cada participante. Lo que es ser una buena esposa (no, no hubo nadie que lea ni especifique en esa ceremonia lo que es ser un buen esposo, por cierto) va cambiando de definición con el paso de las generaciones

Hace algunas columnas les contaba yo que a veces no soy muy buena ecuatoriana, pues me eluden conocimientos de cosas aparentemente básicas de nuestra cultura. Pero tal vez es cuestión de ajustar la definición, o en su defecto, cambiar la prueba por completo. A continuación, una pequeña prueba para medir su nivel de ecuatorianidad, querido lector. Por favor conteste las siguientes preguntas a conciencia y sin preguntarle al internet. 

  1. ¿Cuál es la capital provincial de Bolívar?
  2. ¿Qué es una guachimania? 
  3. ¿Con qué fruta se hace el canelazo?
  4. ¿A qué plato se le añade la sal prieta?
  5. ¿Cuál es la consistencia correcta del uchujacu?

Considere sus respuestas antes de contabilizar un punto por pregunta, excepto la pregunta cinco, que vale cinco puntos. Las respuestas están al final de este texto, para su conveniencia. Buenos ecuatorianos son quienes logran cinco puntos o más. Si tiene cinco puntos, es usted una maravilla, puede salir al recreo antes de tiempo. Si usted no ha logrado una calificación de al menos cinco puntos, por favor continúe leyendo. 

En nuestro país de maravillas, no es necesario vivir de harina de trigo, como lo hacen tantos otros países. Aquí abundan los cereales, y por lo tanto la gama de harinas es admirable. Le invito, como de costumbre, a que se pare en el pasillo del supermercado donde ponen las harinas. Habas, arvejas, maíz, quinua, lenteja, cebada, y hasta fréjol muelen y refinan para nuestra conveniencia

Una buena ecuatoriana, creo yo, pone a buen uso una variedad de harinas. Personalmente, nunca me he aventurado a usar la mayoría de estas harinas, pero aquí vamos trazando un plan de mejoramiento continuo. 

Un rincón del Ecuador en particular atesora la receta para una sopa que usa seis, o siete tipos de harina, dependiendo a quién se pregunte. Se trata del cantón Cayambe, donde asociaciones de mujeres unen esfuerzos para hacer la preparación de una harina que, además de los cereales, se mezcla con achiote, ajo y comino. Esta mezcla ancestral es la base de la sopa uchujacu, la cual tiene la consistencia de un locro de papa, con un sabor único. 

El uchujacu es un plato para ocasiones especiales en comunidades indígenas. Matrimonios, bautizos, Inti Raymi, Día de los Difuntos, entre otros. Una que otra hacienda turística en el sector de Cayambe también han incluido esta especialidad en sus menús, y sería de buenas ecuatorianas, irnos todas a probar. 

Respuestas de la prueba: 1. Guaranda, pues, mijos. 2. Una casita de cuidador. 3. Naranjilla, y no me discutan. 4. Pregunta truco: a todo! 5. Si no sabe la respuesta de esta pregunta, lea por favor el resto de la columna. Gracias por jugar.