Brasil y Sudamérica

Brasil enfrenta una fuerte polarización política y el avance de la derecha impulsado por la inseguridad.

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Dicen que Dios nos entregó una Sudamérica con una geografía unida y los hombres, que hacemos la historia, la hemos desunido. Lo que no aconteció en Norteamérica.

La enormidad de la Amazonia y la gran Cordillera de los Andes provocan que Brasil  y el resto de América del Sur se den las espaldas, incluso con idiomas distintos. Con Ecuador las relaciones comerciales son ínfimas porque Brasil protege a su producción de banano, camarones, café: y porque es un país Continente, que tiene una superficie 33 veces mayor que el Ecuador y una población 12 veces mayor.

160 millones de electores han sido convocados a ejercer un voto que es obligatorio, cuando Brasil está tan dividido por el odio que hace temer por la democracia. La segunda vuelta obliga a repensar a los votantes que están fatigados de los políticos que no resuelven sus problemas cotidianos como el desempleo, la pobreza y la inseguridad.

En la primera vuelta Bolsonaro superó a Lula con casi 2 puntos, por el desgaste del gobierno de Lula más su avanzada edad y por la unidad de la derecha unida. Además ha crecido el endeudamiento de la clase media-baja, que contrajo deudas altas que no puede pagar, lo que influyó en la votación incluso de los hijos de los brasileños que fueron sacados de la pobreza por los dos gobiernos anteriores de Lula, cuando emergió como un líder auténtico del Partido de los Trabajadores.

Sin desestimar la influencia de Trump, la política exterior de Brasil no será cambiada a la ligera, pues la diplomacia brasileña, que es la mejor del Continente, imprimirá una visión pragmática y cautelosa en medio de la lucha por el poder mundial entre EE.UU. y China.

De cualquier manera el próximo Presidente de Brasil deberá gobernar con una composición heterogénea del Poder Legislativo, pues en ese país no solo hay elegidos por los partidos sino muchos independientes que son electos en forma libre.

Lo que si se observa en América es la tendencia de los electores a favorecer las candidaturas de quienes anuncian mano dura contra la violencia y el crimen organizado. Cuanta más violencia más candidatos de la derecha política ganarán las elecciones. Es una ola grande que durará un tiempo, para luego regresar a la visión progresista y democrática que acabará con la acción ultraderechista. A la izquierda solo le queda trabajar como lo ha hecho el Alcalde Mandami, de Nueva York.