Juan Esteban Guarderas

El banquete ecuatoriano

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Viernes 25 de octubre 2019

jguarderas@elcomercio.org

¡Pasen, pasen! ¡Bienvenidos al banquete ecuatoriano! Donde usted es quien paga, pero no festina.

Nunca hubo una bacanal parecida, nunca en la historia. No se tuvo un precedente de tener tanta plata petrolera, ni tampoco un endeudamiento parecido. En la mesa no había un único plato suculento -como digamos la Refinería del Pacífico- capaz de saciar hambres voraces. No. En la tragantona ecuatoriana se celebra con colorido tropical, mil colores, mil entrantes, Manduriacu, Baba, mil sopas, Carrizal-Chone, Coca-Codo, entremeses a granel, los Dhruv, cócteles exquisitos, las Escuelas del Milenio, los contratos publicitarios, Caminosca, postres cremosos, el IESS, los genéricos, repeticiones de todo el menú, los pases policiales, Toachi-Pilatón… No se come con tenedor y cuchillo en nuestro país. Se come con ambas manos, agarrando con toda la capacidad de la zarpa y metiéndolo a fuerza en la boca.

La pitanza es obscena. Tal vez por eso mismo los comensales deciden que se la refleje en pantallas de tamaño nacional, en tiempo real, transmisión continua durante años. Come que come, y la gente aplaude que aplaude. Canta que canta. ¡La Patria ya es de todos! ¡La Patria ya es de todos!

Entonces la cuenta llega. Si bien el banquete fue histórico, la cuenta es también inédita. Y, ¿ustedes pensaban que los que comieron la pagarían? ¡Ilusos! ¡infantiles! En el banquete ecuatoriano es el público el que asume la cuenta. Se acerca el camarero y señala que el pago es con cheque (lo prefieren al efectivo o a la transferencia). “Nooooo, jamás en cheque. ¡¿Cómo se le ocurre?!” Y, salen a protestar porque no les gusta pagar en cheque. Paralizamos el país porque odiamos pagar en cheque.

Pero el mesero sabe que la cuenta es la misma. Los números no cambian porque se altere el método de pago. Acuérdense que ya no tenemos tarjeta de crédito, porque nos excedimos del límite y ahora nos toca pagarla. Acuérdense también que las pérdidas calculadas por la corrupción por el BID son de 70 mil millones, contrástenlo con el monto que se buscaba recaudar con los subsidios, apenas 1,4 mil millones anuales.

País de locos. Público loco. Felices porque ya no nos toca pagar con cheque, sino con transferencia. ¿Quieren ver lo escandaloso? En la Disposición General Segunda de la flamante ley económica recién enviada a la Asamblea dice respecto a quienes traigan capitales desde afuera, aunque estos sean irregulares (obviamente incluyendo los de la corrupción), “Tampoco se iniciarán respecto a estos sujetos, procesos de investigación penal por delitos de enriquecimiento privado no justificado, ni por defraudación tributaria…” Maravillosas pretensiones de los angurrientos que tanto se atragantaron; posiblemente ahora dormirán más tranquilos.