¡Autoritarismos!

El autoritarismo avanza en el mundo y amenaza la democracia, por lo que es fundamental elegir líderes comprometidos con el pluralismo y la libertad.

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¡Los autoritarismos deambulan por el mundo! Basta analizar los discursos emitidos en la última Asamblea General de las Naciones Unidas, para advertir que una gigantesca ola de autoritarismo de diferente laya se expande por las diferentes regiones del orbe.  

Las voces -algunas estridentes- han atizado los enfrentamientos y no los acuerdos. Los gritos y no los llamados a la cordura; las amenazas y no la búsqueda de diálogos auténticos; la propaganda y no la comunicación asertiva por una paz duradera han proliferado en el recinto creado a raíz de la Segunda Guerra Mundial.

La democracia

Los autoritarismos, como nunca antes, forman parte de estrategias de potencias que sostienen guerras militares, económicas y políticas alejadas del derecho internacional y los tratados vigentes, mientras la mayoría de los Estados -ubicados en el centro y la periferia- son espectadores o adherentes de sistemas que monopolizan la fuerza.

Según la ciencia política, los autoritarismos constituyen los caminos que desembocan en los totalitarismos; es decir, los sistemas que menosprecian y eliminan a la oposición, donde el poder político y económico se concentra en un pensamiento uniforme y en acciones que menoscaban la democracia.

La historia se repite

El mundo no ha aprendido las lecciones del pasado. Como se conoce, Hannah Arendt identificó al totalitarismo como categoría teórica para definir a regímenes e ideologías políticas, con especial referencia al fascismo, el nazismo y el estalinismo surgidos en el siglo XX. Otros historiadores incluyen a la China de Mao Zedong (1949-1976), Cuba durante la alineación con la URSS (1961-1991), Camboya bajo los Jemeres Rojos (1975-1979), y Corea del Norte durante la dinastía Kim (1948-actualidad).

Con el advenimiento de la guerra fría y la posterior caída del modelo soviético, los regímenes autocráticos han proliferado en el mundo con membrete democrático y diversos matices en el siglo XXI: el dominio de las multinacionales tecnológicas; la sofisticación de las guerras con la irrupción de sistemas de última generación e incidencias económicas evidentes; la negación del pluralismo social, cultural y religioso, y la caída del multilateralismo, otrora estrategia primordial de las Naciones Unidas, hoy debilitada; la guerra avisada contra los migrantes, con las secuelas supervinientes; la aparición del espectro de una sociedad vigilada, donde nadie sabe dónde está la verdad; y los efectos catastróficos del cambio climático que calienta los océanos, deshiela los glaciares y amenaza el frágil equilibrio de la naturaleza.  

Datos inquietantes

El País, de España -edición del 4 de octubre 2026- publica el Informe realizado por el World Inequality Lab, cuya conclusión más relevante señala que “la brecha mundial de la desigualdad se agranda: el 10% de la población concentra el 75% del patrimonio, disparidad creciente, agravada por el cambio climático, con una disparidad de género persistente”. En este estudio han participado más de 200 investigadores de diversos países.

Uno de los peligros que anuncian las noticias -casi a diario- es la omnipresencia de un enemigo global: el narcoterrorismo, que se presenta con diferentes disfraces, y cuyo veneno ha inoculado a los Estados y gobiernos, según el discurso occidental. Y aparecen los escudos -ya no los inocentes personajes de las revistas, películas y videos-; las cumbres borrascosas urgentes convocadas en improvisadas tarimas, y un nuevo discurso -centrado contra las mafias organizadas- que atormenta a los ciudadanos de a pie.

Elegir bien

Entretanto, las sociedades siguen funcionando, entre sequías, terremotos y tormentas que han fracturado las estaciones del año, mientras los autoritarismos se instalan silenciosamente en nuestras vecindades, que luchan casi sin esperanzas frente a la denominada caquistocracia, instalada sin que nos demos cuenta.

Cuando se acercan las elecciones de medio período en el Ecuador es oportuno reflexionar profundamente sobre estos temas -los del contexto global, regional y nacional- para elegir a los ciudadanos más competentes, más preparados y más democráticos. O nos ilusionamos para espectar “Rinoceronte”, la obra maestra de Eugenio Ionesco, el genio del absurdo, quien convierte a toda la población en rinocerontes -salvo una persona-, que “captura, mejor que cualquier libro de historia o de ciencias sociales, todos los disparates y tragedias de este largo descenso a los infiernos”, cuando ilustra, de manera elocuente, la dinámica del autoritarismo que se adueña hasta de las mentes menos dóciles.