Alternativas políticas

El autoritarismo, el debilitamiento institucional y la falta de propuestas marcan el deterioro de la política ecuatoriana.

Ricardo de Blas, de 17 años, y Joaquín Zurita (11) fueron los dos ecuatorianos que obtuvieron oro en el Binacional de Matemáticas Perú Ecuador 2026.

Los ecuatorianos no olvidamos un gobierno autoritario que usurpó para el ejecutivo el poder de otras funciones del Estado y terminó controlando la legislatura, la justicia, los organismos de control, la prensa y las organizaciones sociales; infundió miedo, persiguió a periodistas, líderes sociales, opositores políticos y terminó en un festín de corrupción.

Ya que la historia se repite dos veces, según Marx, y ya vivimos la tragedia, ahora debe repetirse como comedia. Los legisladores aprueban leyes ilegales; los organismos de control solo controlan a los adversarios del gobierno; la prensa independiente es acosada; los partidos de oposición quedan fuera de las elecciones y los casos de corrupción se investigan selectivamente.

Si un ciudadano fuese colocado en un cruce de caminos desconocido, vería cuatro alternativas azarosas. Nosotros tenemos cuatro alternativas políticas demasiado conocidas: el movimiento que nos hizo vivir la tragedia, el movimiento que nos hace vivir la comedia, la revocatoria del mandato de descalificados revolucionarios y la aventura de elegir a un aventurero.

En las elecciones seccionales, igual que en las nacionales, no cuentan los problemas de la gente, nadie propone un modelo de ciudad o un proyecto colectivo, solo hablan en contra de alguien o de algo. Nadie quiere analizar las decisiones oficiales ni confrontar con el gobierno.

Los partidos políticos siguen “dando papaya”: los que iban a ser candidatos y no fueron nominados, se fueron del partido dando portazos; los calificados que buscaban la reelección fueron descalificados; los honestos experimentados no se atreven a enfrentar a los carteles, a los investigadores oficiales y a los cobradores tardíos de impuestos.

Los elegidos para alcaldes y prefectos, que no sean del partido oficial, pasarán amarguras cuando el gobierno empiece a presentar sus propios porcentajes de gasto ordinario y gastos de inversión, de acuerdo con la nueva ley, y empiece a controlar presupuestos y obras.