El almuerzo ejecutivo

El almuerzo ejecutivo es un patrimonio culinario del Ecuador que necesita reconocimiento

El pasado 28 de mayo de 2026 el edificio Multicomercio sufrió un devastador incendio.
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Siéntese, donde haya espacio, ya le sirven el jugo y le ponen los cubiertos. La sopa no se demora en llegar: a todos buen provecho, y porfa páseme ese ají, que de este ya no hay. 

Los bien educados se acaban la sopa, ya sabemos. Los mal educados empiezan a meter la cuchara en el arroz del segundo, que llega a la mesa sin mayor ceremonia. Todos saboreando lo que ha salido rico, sin comentar ni hacer a un lado lo que podría estar mejor, apreciando el esfuerzo de la cocinera, tal como lo hubiesen hecho en casa.

Hay lugares de almuerzo hoy en día que se esmeran en dar una variedad de opciones, sobre todo en platos fuertes, pero no es necesario. Si bien es cierto que siempre hay uno que no puede comer una cosa y quiere otra, la magia del almuerzo ejecutivo en nuestro país de maravillas coge sabor en el ritual de comer todos de la misma olla. 

Sopa, segundo, postre, y jugo. La ecuación del menú casero que forjó la identidad culinaria de toda una región, ha salteado de las cocinas de nuestras abuelitas a las de incontables establecimientos comerciales que ofrecen la comida más importante del día en el Ecuador: el almuerzo. 

Pensar que hay países enteros de gente que no almuerza bien. Colectivos de oficinistas europeos y norteamericanos que se comen cualquier cosa fría de un paquete de plástico, o una pequeña colección de snacks ultraprocesados, y siguen felices de la vida. Estoy ensillando el caballo moral proverbial, pero no me voy a montar; cada uno vive como puede, y lo cierto es que en nuestro país también anda por ahí esa tendencia de vivir de snacks

Con eso en mente, nos hace bien reconocer los tesoros culinarios que sin estar embalsamados en museos ni documentados en libros patrimoniales, nos enriquecen día a día. ¿Dónde más se hierven cuatro mil recetas de sopa, como si nada?  ¿Dónde más se dan el lujo de tomar jugos de diferentes frutas frescas cada día?

Si usted, querido lector, tiene la suerte de almorzar ejecutivamente en su casa, viva la vida y que no se diga más. Sin embargo, si en casa no hay quién le haga el combo ganador de almuerzo, no hay por qué abatirse: es cuestión de ponerse los zapatos y salir por la puerta. 

Mientras más urbano sea su vecindario, más oportunidad hay de encontrar el mejor lugar de almuerzos ejecutivos para su gusto. Así, Quito y Guayaquil tienen la mayor concentración de este tipo de restaurantes, y en cada urbe la mayor oferta se da en sectores donde hay concentración de oficinistas.

Recientemente estuve en el sector del parque La Carolina. Aquí la competencia de lugares de almuerzos ejecutivos es tan feroz, que casi son restaurantes a la carta. Dos variedades de sopa, seis variedades de plato fuerte, cuatro variedades de postre, y tres de jugo. A USD$3,75 por almuerzo, no hay quién se queje. 

Una puede pagar desde USD$2,50 hasta USD$13 por un almuerzo ejecutivo en el sector de la tribuna de la Shyris, pero el precio no es necesariamente proporcional a la satisfacción del comensal. Como en todo en la vida, hay que estar pilas.

Con toda la esperanza de una experiencia maravillosa, decidí aventurarme a probar un almuerzo de USD$5,50, confiada que el precio me iba a garantizar más del doble de satisfacción que mi almuerzo regular de USD$2,50 en Cumbayá. 

Puedo resumir mi desilusión en una oración: no había sopa. ¿Se les acabó la sopa? No. ¿Pero Lorena, no había un cartel afuera que decía el menú? Si. ¿Y? Había un párrafo entero de descripción del plato fuerte, y abajo encajaron “jugo y postre”. Entonces, no decía sopa. No quiero hablar más del tema.

El almuerzo ejecutivo como patrimonio culinario del Ecuador es una representación íntima de nuestra cultura, servida en sopa, segundo, postre y jugo. Tiene un costo bajo — ya sea este un término subjetivo — y un formato que permite al comensal tomar parte de una experiencia colectiva en donde todos somos hermanos sentados en el mismo comedor. Nos sirven igual, nos cobran igual, y nos quieren igual.