El algoritmo, ¿lobo del hombre?

Si los algoritmos quedaran al arbitrio de los intereses, la civilización humana estará amenazada. Un pacto global para regular la revolución digital es urgente.

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El titular es una pregunta actual que la gente ha comenzado a formular, y no solo los científicos. Es una paráfrasis que recuerda una frase famosa del filósofo inglés Thomas Hobbes, quien, en el siglo XVIII, en su obra El Leviatán (1651), recordó que “el hombre es el lobo del hombre”, y sentó las bases de la teoría contractualista, de gran influencia en el desarrollo de la filosofía política occidental.

La idea central de Hobbes retrata el estado natural del ser humano, inclinado por obra de los instintos, a luchar contra su prójimo que, según los investigadores, fue extraída de Asinaria, una obra dramática de Plauto (250-184 a. C), en la que afirmaba que “lobo es el hombre para el hombre”.

Barbarie vs. Contrato Social

Cualquiera que sea el origen del pensamiento, la metáfora de Hobbes cobra sentido al identificar que dentro de todo ser humano pervive una condición: la del animal salvaje, capaz de provocar violencias de todo tipo, atrocidades, terror y muertes de inocentes, dirigir guerras, practicar exterminios, asesinar, someter a la esclavitud, fomentar el tráfico de personas, entre otras acciones, que se resumen en un vocablo: barbarie.

La historia de las ideas registra la mencionada frase de Thomas Hobbes, pero no su propuesta. Hobbes plantea, en contrapartida, que la paz y la unión social pueden ser alcanzadas cuando son establecidas en un contrato social, en el que se define un poder que tenga autoridad para proteger a la sociedad, creando una comunidad civilizada. Lo cual explica la posibilidad que los seres humanos podemos construir modelos de sociedad anclados a valores centrados en la justicia y la paz, alejados de los comportamientos destructivos, egoístas y dominados por la codicia.

Las resonancias de Hobbes son evidentes. La frase opuesta a “el hombre es un lobo para el hombre” es la sentencia de Jean-Jacques Rousseau, quien sostiene que “el hombre es bueno por naturaleza”. Decía que los seres humanos nacen buenos y libres, pero el mundo los corrompe.

Dos corrientes

Esta disquisición es necesaria para fundamentar el tema de este micro ensayo. En efecto, se han identificado dos corrientes: 1) que considera que las tecnologías -y sus algoritmos (conjunto de instrucciones para resolver un problema), núcleos de los sistemas digitales– son lobos sediciosos, engendros del mal y de la perversidad; y 2) la creación más elevada del intelecto humano, sin amenazas reales ni problemas secundarios. Las dos posiciones son extremas y fuentes de fanatismos que no conducen a soluciones posibles.

Pacto Digital Mundial

Las Naciones Unidas han planteado el Pacto Digital Mundial, que es un marco global integral para la cooperación digital y la gobernanza de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial.

El objetivo del Pacto Digital Mundial es crear un sistema inclusivo para la cooperación digital que garantice un futuro digital abierto, libre y seguro para todas las personas, reduciendo la brecha digital, promoviendo los derechos humanos en línea y estableciendo estándares globales para tecnologías emergentes como la inteligencia artificial.

El Pacto Digital Mundial forma parte del Pacto para el Futuro, que se discutió y adoptó en la Cumbre del Futuro de las Naciones Unidas en septiembre de 2024, y se basa en la Carta de las Naciones Unidas y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. El Pacto Digital Mundial no es vinculante, pero se considera un paso hacia el abordaje de los desafíos digitales más urgentes a escala global.

Políticas públicas

En el contexto nacional, un proyecto emergente de alfabetización digital, como política pública, es indispensable para promover la conectividad universal junto a otras estrategias relacionadas con el uso ordenado de las herramientas digitales, en todos los campos: la educación, la cultura, la economía, la política, la comunicación, el ambiente y la administración, tanto públicos, privados y no gubernamentales.

Y que los algoritmos se ordenen a los propósitos del progreso humano compartido, y no a exacerbar los bajos instintos bajo la égida de la metáfora del lobo.