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Martes 07 de agosto 2018


Al salir por el camino de Guápulo hacia Quito nos damos de manos a boca con el parque que ‘se ha sabido llamar’ ‘Parque Navarro’. De manos a boca, nunca mejor dicho, porque recién restaurado, aunque empieza ya a desvencijarse, ostenta también el título de Parque de las Tripas, pues en toda la cuadra izquierda encontramos las consabidas mesas de cemento frente a puestos de fritangas, tripas, choclos, quesos, empanadas y golosinas para los tragones que abundan, como vísceras y mondongos, a partir de las cuatro de la tarde… Allí, desde hace más de cincuenta años, los golosos se nutren, pero, por una especie de rubor, para comer se agachan sobre el plato y, casi sin espacio entre plato y boca, se embuten la comilona sin charlar con el vecino ni mirar alrededor; los chagras vivísimos, que andan poniendo nombres a lo que ven, los llaman ‘los agachaditos’.

Las aceras de Quito son tal para cual, diría algún hablador: efectivamente, no hay una sola acera, en ningún barrio, ante ningún edificio o casa ‘que valga –o no valga- la pena’, por las que, al andar, no corramos el riesgo eminente e inminente, de tropezarnos y caer: ¡clavos y varillas salientes!, ladrillos, pedazos de cemento, baldosa, piedra o, basuras de cierta consistencia obligan al peatón a caminar con la cabeza y la vista bajas (como si no bastara nuestra repudiable costumbre de no mirar de frente), y los viandantes sesgados entran en el gremio de los ‘agachaditos’.

Y hay otros agachados: perspicaces/as, olvidadizos/as, falsos/as, que han ido a Cuenca a fundarse, inaugurarse y crearse, como Dios, de la nada; surgen pretendiendo anonadar su pasado, con los modos, palabras, lugares comunes y mentiras de siempre, entrenados para la falsedad y ocultamiento en correísmos, chavismos, kichnerismos, orteguismos, madurismos, aunque, al respecto, ¡ni muuu!, calladitos ante el espectáculo oprobioso al que asistimos, con caras de ‘yo no fui’. .. Desde la ‘Alba’ que ayudaron a inventar y mantener, tan sucia y oscura, aunque quieran olvidarla, vienen los ‘Vamos Ec.’, a ofrecernos, no más de lo mismo, sino más de lo peor, dado su buen entrenamiento, junto al ex gran jefe que pena en Bélgica, también él, olvidadizo, falso, repulsivo… Llegan como si jamás hubiesen pasado por el correísmo, aunque muchos vivieran de él, de él se alimentaran y entrenaran; en él callaran, simularan, disimularan y mintieran.

Si estuviera en su mano, trabajarían por la dicha de resucitar al gran jefe, ¡quién lo duda! ¿No votaron, acaso, a favor de la reelección indefinida?; ahora, en su creación ‘ex nihilo’, ni una palabra, ni una mínima alusión al espectáculo de corrupción lujuriosa, lasciva que, al callar, aprobaron, y que querrían resucitar si estuviera en sus manos tanta dicha. ‘¡Vamos Ec.!’, como ‘podamos’, como Podemos, pero peor entrenados: ¡agachadazos!
Se siente que la de los agachados es especie endémica, casi como los molles, pero apestando a cadáver. ¡Que no nos falle el olfato!