
La historia de Punch, el pequeño macaco japonés que utiliza un peluche como apoyo emocional, ha dado la vuelta al mundo.
Sin embargo, este no es el único caso donde un primate ha encontrado refugio en objetos inanimados para superar un trauma.
En el zoológico de Polonezkoy, en Estambul, un gorila llamado Zeytin atravesó un proceso similar de recuperación tras ser víctima del contrabando internacional.
Zeytin, un gorila occidental de llanura, fue descubierto el 21 de diciembre de 2024 en el aeropuerto de Estambul.
El ejemplar viajaba oculto en una pequeña caja de madera dentro de la bodega de un avión que cubría la ruta Nigeria-Tailandia.
Según informa National Geographic, el animal tenía apenas 5 meses de vida al momento de su rescate y presentaba un estado de salud delicado debido a las condiciones del traslado.
Fahrettin Ulu, director regional de Conservación de la Naturaleza en Estambul, explicó a los medios que el animal estaba aterrorizado al ser interceptado.
Al igual que sucede con Punch en Japón, el contacto físico y los objetos de apego resultaron fundamentales para su supervivencia.
En sus primeros días en el zoológico, Zeytin se mostraba tímido y dependiente de sus cuidadores.
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El desarrollo de Zeytin fue notable durante sus meses de estancia en Turquía. Según reporta La Vanguardia, el gorila pasó de pesar 9,4 kilos a alcanzar los 16 kilos.
Su crecimiento no solo fue físico; el pequeño primate logró autonomía: corría por el césped y utilizaba diversos juguetes para fortalecer su musculatura y seguridad, una estrategia técnica que recuerda a la empleada con Punch y su peluche de color naranja.
Los portavoces del parque detallaron que Zeytin recibió cuidados meticulosos para suplir la ausencia de su madre.
El equipo veterinario ayudó en la recuperción de Zeytin, que facilitó un entorno donde el gorila pudiera trepar y columpiarse.
Esta fase de readaptación es crucial antes de considerar un traslado definitivo a un santuario.
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El caso de Zeytin expone una problemática global que afecta a miles de primates anualmente.
Las organizaciones de conservación advierten que el comercio de crías de grandes simios está en auge para su uso como mascotas o en espectáculos.
Mientras Punch lucha por integrarse a su manada en un entorno controlado, Zeytin representa a los ejemplares que son extraídos de la selva para el mercado negro, un negocio que mueve miles de millones de dólares cada año.